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| Abr 11, 2014 | En estas calles

Una vida llena de color y amor

Sus familia ha hecho parte de esta gran labor con la que pudieron pagar su casa

Sus familia ha hecho parte de esta gran labor con la que pudieron pagar su casa

Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

Algunos cabellos blancos, y una que otra línea de expresión en el rostro, dejan ver los 69 años Alonso Ortiz Picón, quien dice su edad con orgullo, pues más de la mitad de su vida la ha dedicado a regalar sonrisas y ratos inolvidables a miles de niños y niñas en Santander.

Pero es el brillo de su mirada el que deja ver su verdadera edad. Esa edad que lleva en el corazón, ese pequeño niño que no lo abandona, que le permite seguir jugando, que lo deja ser libre, que lo hace sentir vivo…

‘Alonsito’ ama sus títeres y hará presentaciones hasta que Dios se lo permita.  - Jaime del Río/GENTE DE CAÑAVERAL

‘Alonsito’ ama sus títeres y hará presentaciones hasta que Dios se lo permita. – Jaime del Río/GENTE DE CAÑAVERAL

Alonso ha dedicado 45 años de su vida a contar historias, a dejar enseñanzas, a sembrar valores y a regalar felicidad. Sus historias las ha contado gracias a millones de personajes que literalmente han pasado por sus manos, sus personajes son títeres, grandes y pequeños, que cobran vida a través de su voz tras, un teatrino.

“Todo comenzó cuando tenía 20 años… Hacía teatro en el colegio Santander, luego en la UIS donde estudié trabajo social, fue ahí donde una señora, Laura Hernández de Barrios nos dijo ‘¿por qué no hacen títeres también?’ y dijimos que sí. Ella nos enseñó a fabricarlos, en 1969 hicimos una presentación y ahí nació el grupo”, relató Alonso.

El grupo se llama ‘Títeres El Cristal’ que desde entonces no ha parado de trabajar.

Los títeres dieron para todo

Quizá muchos no se le medirían a un oficio como el de titiritero, pero lo cierto es que estos muñecos le han dado para todo a Alonso. Tal fue su suerte que hasta el amor de su vida llegó con los títeres.

“Iniciamos varias personas y nos dimos cuenta de que había mucha demanda, nos llamaban de una piñata, de un lado del otro, entonces decidimos formar dos grupos, uno se llamó la ‘Oruga Encantada’ y el otro ‘El Cristal’; los que conformamos los grupos éramos amigos de la UIS .

“En muchos casos escribimos las historias, en otros tomábamos historias conocidas y las adaptábamos. Recuerdo que los primeros títeres que usamos los hacíamos con papel maché, y nos dimos cuenta de que a los niños les encantaba, nos llamaban para cualquier clase de evento.

“Las presentaciones nos daban plata, aún más de la que nos podíamos imaginar porque con eso me pagué mi carrera y quienes han pasado por el grupo los he hecho que estudien”, relató.

Fue por esos días que le llegó el regalo más grande, el amor. Hace 43 años en plena presentación conoció a Graciela Mantilla, la mujer de su vida, quien le robó el corazón, con quien se casó y se hizo padre de tres hijos.

“‘Alonsito’ fue a presentar una obra que se llamaba ‘Los dioses se ahogaron en la nada’ en el colegio las Betlhemitas y ahí lo vi (risas). Duramos 3 años de novios, nos casamos y tenemos 40 de matrimonio.

“En el camino supe que mi suegra hacía los títeres y aprendí, desde entonces los fabrico”, relató Graciela luego de intercambiar una mirada de complicidad con su esposo a quien admira profundamente por la pasión que tiene por su arte.

Sus tres hijos también aprendieron el oficio, pues tuvieron una infancia rodeada de hermosos personajes desde su primera infancia.

“Es que los niños vivían como en la casa del juego, siempre tenían muñecos”, relató Graciela, mientras miraba fotografías de sus hijos.

Las anécdotas

Han sido tantas las presentaciones en diferentes espacios, que guardan muchos recuerdos.

“Siempre que terminamos una presentación regalamos los títeres porque los niños se encariñan con los muñecos.

“Una vez una niña se enamoró de un muñeco y decía que era el novio, cuando llegamos a otra piñata nos encontramos a la niña y en la presentación el personaje le dijo cosas lindas a otra niña, cuando nos dimos cuenta la primera niña lloraba desconsolada porque el novio no la quería (risas).

“En algunas piñatas nos tiraban hasta comida. Los niños se metían tanto en la historia que defendían a los personajes buenos de los malos, les daba rabia y entonces tiraban la comida para vencer al malo. Una vez nos tiraron perniles de pollo (risas)”.

Las risas de los niños ha sido lo más gratificante para esta familia que ha dedicado su vida a estos graciosos amigos.

“Una vez fuimos a Charalá y el padre de ese momento nos prestó el sitio. La obra era sobre la violencia en el país, había mucha gente, cuando nos dimos cuenta el sacerdote hizo un disparo dentro del recinto, todo el mundo salió gritando y corriendo.

“Prendimos la luz y el padre dijo: ‘no más violencia en Colombia’. ¡Qué tal! (risas)”.

El presente y el futuro

‘Alonsito’, su familia y su grupo ahora van de escuela en escuela con sus historias y muñecos. A piñatas no pues los formatos cambiaron.

Sin embargo tiene claro que será titiritero hasta que Dios se lo permita, pues es la alegría de los niños lo que lo mantiene vivo.

En cifras

45

años de vida cumplió el grupo de títeres El Cristal.