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| Abr 11, 2014 | Editoriales

Aprendiendo a aplazar satisfacciones

columnista

Nicolás Alzate Mejía

A propósito de la cercanía del mundial de fútbol y del deseo de recuperación que tenemos todos los colombianos en torno a la salud del futbolista Radameln Falcao García, he estado pensando en una lección de vida que podríamos aprender
todos los colombianos, a partir de una lesión en la vida de este futbolista. Dicha
lección es:
¿Qué tal si Falcao aplazara su debut en este mundial, pensando en recuperarse bien, sin necesidad de arriesgarse a vivir toda una vida lesionado? A esta decisión se le llamaría tener la capacidad de aplazar una gran satisfacción.
He ahí el gran interrogante: ¿cómo hacer para aprender a aplazar grandes satisfacciones sin necesidad de tener que vivir
aburridos todo el resto de la vida? En  otras palabras, podríamos decir: o aprendemos a aplazar satisfacciones o nos arriesgamos a vivir insatisfechos toda una vida.
La lesión de Falcao es apenes un pretexto para decir que estamos llamados a formar a nuestros jóvenes, ayudando a desarrollar en ellos la capacidad de aprender a aplazar satisfacciones en la vida.
El ejemplo más sencillo se observa cuando usted lr pone los tres platos de comida niño: la sopa, las verduras y el postre.
El niño inmediatamente tole el postre porque no está preparado para esperar o aplazar el momento preciso para degustar ese sabroso dulce, saltándose los dos primeros platos, y pasa a consumir el postre, así entonces, no tendrá mucho apetito al querer ingerir la sopa y las verduras, pues ya no le satisfacen.
Los niños y niñas, pre-adolescentes y adolescentes, todos ellos menores de edad, que quedan embarazados rápidamente, no se formaron en la capacidad de aplazar las satisfacciones provenientes del mismo goce de la sexualidad.
Que interesante fuera que ante las facilidades que tienen los pre-adolescentes y los adolescentes para entablar relaciones íntimas, hicieran el ejercicio de controlar, dominar y aplazar la gran satisfacción. Así
tendríamos menos niñas y niños abandonados o mal criados; y así tendríamos un mayor respeto al propio cuerpo y al cuerpo del otro.