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| Mar 14, 2014 | Nuestra Gente, Portada

Carlos voló y alcanzó sus sueños

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Audry Laguado

Muchas personas tienen sueños pero con el paso de los años los dejan a un lado, los entierran en el olvido y se dejan llevar por la rutina del día a día.

Sin embargo otros nunca dejan de soñar y se arriesgan para hacer esas fantasías realidad. Ese es el caso de Carlos Oswaldo Cortés Peña, quien dejó de lado un escritorio y años de vida laboral en un banco para seguir a su corazón y su espíritu aventurero que siempre llevó consigo.

Volar siempre fue su anhelo y hoy es su vida. Ya sea en un globo o en un dirigible, este esposo y padre de dos hijos se arriesga y deja en libertad su mente cada vez que pueda hacerlo.

Pero el vuelo le ha traído otras pasiones a él y a su amada familia. Con el vuelo se hizo aficionado a la fotografía y ha podido hacer grandes imágenes de sus recorridos, además tiene un gran amor por los animales y cuenta con 16 perros, tortugas, peces y demás mascotas.

Por otra parte junto a su esposa Jaqueline Marín comparten el amor por la educación, pues ellos son los dueños del colegio San Patricio, ubicado en inmediaciones del anillo vial.

Su hijos Darío y Adriana Marcela también comparten estos amores que los llevan a la cima.

“Dejé la oficina”

Hacia el 2005, Carlos Cortés tomó la decisión de dejar la oficina y como dicen por ahí, voló: “decidí irme con mi hijo, (Darío Cortés) dejé la oficina y nos fuimos para Argentina. Nos fuimos cerca de 6 meses para estudiar piloto privado y comercial.

“Poco a poco aprendimos, empezamos a participar en competencias y adquirimos experiencia hasta que regresamos a Colombia y decidimos importar un globo. Inicialmente practicábamos a nivel deportivo, pero después de tener experiencia nos dimos cuenta de que podíamos hacer vuelos comerciales, por llamarlo de alguna manera”, dijo.

Con el paso del tiempo las personas se empezaron a interesar en este deporte, que entre otras cosas, tiene dos pruebas importantes: máxima distancia que consiste en tomar corrientes de aire que les permita alcanzar una gran distancia y finalmente aterrizar.

La otra prueba es mínima distancia “esta consiste en salir en vuelo pero se debe aterrizar en el mismo lugar, esto se logra encontrando corrientes de viento que lo ayuden a uno a ascender pero que lo dejen a uno en el mismo lugar.

Cabe destacar que Carlos y su hijo fueron pioneros en este tipo de vuelos, en globo y en dirigible, en Santander.

Este amante del vuelo tiene claro que “esta es la mejor forma de volar que existe, porque vas en un balcón de 360 grados que te permite apreciar todo el paisaje y se puede tocar con la mano, además es un vuelo con mucha calma”, acotó.

Por fortuna este soñador contó con el apoyo de su esposa y de sus hijos cuando les dijo que no quería seguir encerrado en una oficina.

La fotografía llegó

Con el vuelo la fotografía se fortaleció, aunque Cortés se confiesa un fotógrafo aficionado, dice que el vuelo lo ayudó a afianzar más esta pasión al ver hermosos paisajes en todo el país.

“Aunque antes no le brindaba tanto tiempo a la fotografía, ahora con los vuelos me dedico a registrarlos y a documentarlos para dejar plasmados los mejores paisajes, porque es que esto es ver las cosas desde otro punto de vista, es verlas desde arriba”, relató.

Cada fotografía es registrada en sus redes sociales, sin embargo Carlos dice que aunque ha hecho vuelos en muchas partes de Colombia los mejores paisajes son los de Santander.

La familia

Por otra parte Carlos y su esposa siguen trabajando, ella es licenciada en matemáticas y es rectora del colegio San Patricio donde además de impartir educación, les enseñan a los estudiantes el amor por la naturaleza, por ello tienen perros, peces y aves. “En este momento tenemos 16 perros grandes Fila Brasilero y le inculcamos a los estudiantes que los animales deben ser protegidos”, relató.

Esta familia trabaja unida y lo más importante es que no dejan de soñar ni de volar.

Esta es la mejor forma de volar que existe, no hay otra forma de volar mejor…