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| Feb 7, 2014 | Nuestra Gente, Portada

“Colombia no es lo que dicen”

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Audry Laguado M.

GENTE DE CAÑAVERAL

Isabella y Stephane Toulgoat, unieron sus vidas para formar una familia. Ambos viven en una pequeña población de Francia llamada Arthezé, donde nacieron sus tres hijos.

El mayor es Sullivan, hoy de 15 años, y Yoann y Anaelle de 12 y 9 años respectivamente. Stephane es un ingeniero químico e Isabella una enfermera, que como ella dice, trabaja a domicilio.

El fin de semana pasado, esta familia pasó por Cañaveral y habaló con Gente.

Los cinco viven en una pequeña casa rodante y desde hace seis meses están recorriendo el continente americano de norte a sur.

Este largo y dispendioso paseo, al que quizá muchos no se le medirían, es parte de un sueño que Isabella y Stephane han tenido desde que eran tan solo unos jóvenes.

Sin embargo, las labores del hogar y el día a día, retasaron los planes. Por fortuna hoy día son sus pequeños los principales cómplices de este sueño.

El inicio del paseo

Stephane pidió un año de receso en su trabajo y a mitad del 2013, comenzó el recorrido. El 13 de julio la casa rodante llegó por barco a Canadá, ellos viajaron en avión, y comenzó la travesía de norte a sur.

“Cuando llegamos a Canadá y en Estados Unidos visitamos parques naturales, ese era nuestro plan y nos fue bien. El proyecto de este viaje es conocer gente, paisajes, costumbres, todo…

“En México la verdad nos dio un poco de miedo, por lo que se escucha de la violencia que se vive ahí, pero en los lugares que estuvimos, como el Yucatán, conocimos parte de la ciudad colonial y la gente es muy linda”, aseguraron los viajeros en su español fortalecido con las conversaciones con los latinos.

Desde que iniciaron su recorrido por América Latina la perspectiva cambió. Al descender por el continente, la calidad de la gente, sus tradiciones, los sabores y los colores, superaron las expectativas de esta familia que de cierta manera brilla en un paisaje latino, pues su tez blanca, el cabello rubio y los ojos claros los delatan.

En Costa Rica el panorama fue un poco diferente: “es un país que está muy ‘americanizado’. Así fue en Panamá, es como si se tratara de pequeñas islas de Estados Unidos, pero la gente es muy amable”, acotó Sullivan.

Arribaron a Colombia

Se podría decir que estos viajeros llegaron casi a ojo cerrado o mejor, con miedo: “La imagen que se tiene en Francia de Colombia es de: guerrilla (Farc), drogas y violencia por todos lados. No sabíamos qué íbamos a ver. Pero es totalmente diferente de lo que sabíamos, o mejor, lo que escuchamos. Colombia no es lo que dicen”, dijo la familia.

La entrada al territorio nacional la hicieron por Cartagena, su vivienda rodante ingresó por el puerto en un carguero y desde ese momento todo cambió; la familia Toulgoat no encontró campos de batalla, ni guerrilleros amenazando a la comunidad en las calles o ventas de drogas al mayor.

No, nada de eso, a cambio encontraron grandes sonrisas, gente amable, arquitectura histórica y comida deliciosa. “De las cosas que más nos ha gustado han sido las frutas tropicales como la piña, el mango y el aguacate, son deliciosas. La gastronomía es deliciosa acá comen muchas, cómo se dice… sopas, ¡eso sopas! pero son riquísimas”.

“Además Cartagena es una ciudad muy bonita, el centro histórico es hermoso y la gente nos trató muy bien”, relataron los menores de la familia.

Por otro lado, los extranjeros aseguraron que se servía mucha comida: “son muchas cosas en un solo plato, además para todo toman sopa (risas). Pero eso lo hemos visto acá, en Centroamérica no nos dieron sopas”, relataron.

De ‘la ciudad amurallada’ pasaron a Antioquia, donde estuvieron en Santa Fe de Antioquia y Medellín, “es una ciudad muy grande, pero una de las dificultades que pudimos ver es la falta de señalización.

Llegaron a Santander

El pasado viernes hacia las 4 p.m., esta familia llegó a Santander. Viajaron por Puerto Berrío, pero cuando ingresaron a Bucaramanga, se dieron cuenta de que algo pasaba con su hogar rodante, una falla mecánica se avecinaba, así que les recomendaron parar en la Zona Refrescante, en Cañaveral, donde se estacionaron esperando que les dieran una solución.

El arreglo duró casi dos días. Los Toulgoat aparcaron con tranquilidad, sabían que aprovecharían el fin de semana para conocer un poco la ciudad pues su próximo destino era San Gil. “Queremos conocer el Cañón del ‘Chiri’ no, del ‘Chisca’ no. Cómo ‘dice’ ‘Chi-ca-mo-cha’, allá (risas).

“Nos han dicho que es muy bonito, pero nos han hablado de otro pueblo ‘Bachira…’ no perdón ‘Basticha…’ así tampoco, ‘Ba-ri-cha-ra’. En el recorrido nos hemos encontrado con otros turistas y nos han dicho que es muy bonito”, relataron.

Después de esto, otro de los destinos será Villa de Leiva, Boyacá, La Catedral de Sal de Zipaquirá, el museo del oro en Bogotá y “claro que la zona del café, no podemos dejar de pasar por ahí”.

Una vez salgan de Colombia, visitarán Perú, Ecuador, Chile y Argentina. El itinerario durará por lo menos seis meses más hasta retornar a su tierra natal.

La vida en una casa rodante

Quizá muchos santandereanos no ven atractivo ni cómodo, ni fácil, vivir en una casa rodante. El pequeño tráiler cuenta con baño, una litera para cada integrante de la familia, que cabe destacar una de ellas se convierte en mesa y lugar de estudio.

Además tiene una pequeña concina donde preparan alimentos básicos como el desayuno francés, para no perder la costumbre: “Hoy, (sábado) desayunamos huevos con arroz y jamón, es una comida típica que se llama omelette” dijo Sullivan.

Y es que además de preparar sus comidas favoritas, esta familia lleva una vida relativamente normal, pues los tres pequeños tienen sus horas de estudio. Sus padres orientan las clases en medio de un horario establecido todos los días.

No importa si es sábado, domingo, festivo o un día entre semana, los pequeños sacan sus útiles escolares libros y estudian normalmente. “Ellos presentan sus evaluaciones por medio de una plataforma en internet, y es que debe ser así porque en Francia, el estudio es obligatorio hasta los 16 años”, relató la familia. Tras su paso por Cañaveral, los Toulgoat aseguraron que Santander los recibió con los brazos abiertos y que los habían ayudado con mucha amabilidad. En estos momentos seguramente siguen cruzando las carreteras colombianas, con Stephan o Isabella al volante y con mapas en mano para no perder su rumbo y poder finiquitar el sueño de sus vidas.

No sabíamos qué íbamos a ver. Pero es totalmente diferente de lo que sabíamos, o mejor, lo que escuchamos. Colombia no es lo que dicen.