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| Ene 31, 2014 | Nuestra Gente, Portada

28 ambulantes en una manzana

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Fabio Eduardo Peña

GENTE DE CAÑAVERAL

El olor a ayaco se percibe varios metros antes de llegar. De las neveras de icopor sale ese aroma a maíz, envuelto en hojas de la misma planta, mientras parados, sentados o hasta con mesa propia, los comensales degustan el tradicional plato.

Sobre el cemento que bordea al hipermercado Metro (antes Carrefour) se instala una ‘plaza buffet’ donde varios vendedores ambulantes tratan de conquistar el paladar de los transeúntes.

Son las 6 de la tarde del viernes y el sitio está lleno.

Quienes pasan por el lugar deben zigzaguear para evitar chocarse con una silla o enredarse con el cable de algunos de los bombillos que iluminan el lugar.

Horas antes, hacia las 2 p. m. del mismo día, otros 28 negocios ambulantes recogen el dinero de quienes recorren este mismo sector y dan la vuelta por las clínicas Foscal y Cardiovascular.

Empanadas, minutos de celular, gaseosas, bananos, aguacates, chicles, agua, papas, mangos, servicio de mototaxis y cuanto comestible se antoje se encuentra en esas chazas, algunas grandes otras pequeñas, que atendidas por más de 30 personas forman un mercadillo callejero.

Si se comienza el recorrido por el mismo Metro un expendio de cocadas es el primero que se ve instalado en un pequeño coche. Luego viene es el de las frutas; dando la vuelta hacia El Bosque aparecen los minuteros y ya entrados en la zona de las clínicas se observa el despiporre de ventas.

La vía, que debe tener unos 7 metros de ancho, termina convertida en 3 porque a un lado se parquean los taxis, mientras que al otro lo hacen carros particulares dejando pasajeros y peleándose los centímetros de pavimento con la minicaseta de comestibles que muchas veces roza el paquete de chitos contra la puerta de algún carro.

Para ahondar la situación, algunos expendios ya tienen sillas y mesas instaladas, así como sombrillas de todos los colores que le dan un aspecto desordenado al lugar.

Llegar hasta el pare de la esquina en esos escasos 70 metros pueden convertirse en una odisea.

Una mujer embarazada trata de pasar la calle. Primero tiene que esquivar el carro mal parqueado, luego el auto que pasa y finalmente buscar un resquicio para meterse al andén por entre los vendedores. Eso sí, si antes no se ha doblado un tobillo por el mal estado de los adoquines.

Al lograr salir airoso de este sector, se llega a la zona de urgencias donde prácticamente ‘acampan’ los vendedores de empanas, tinto, aromática, café, bebidas energizantes y cigarrillos para quienes deben pasar la noche en espera de algún familiar enfermo.

Una mezcla de olor a comida, tierra, cigarro y café, fluye de la zona.

La acera parece más un campo minado que un sendero peatonal. De repente, aparece la nueva transversal que por un lado parece una mesa de billar pero que por el otro conserva esos huecos que obligan a transitar despacio.

En medio del ruido de ambulancias, pitos de carros y en ocasiones silbatos de agentes de tránsito transcurren las horas en esta gran manzana, grande en tamaño, grande en empresas, pero también grande en desorden.

Los vecinos reclaman con insistencia una ayuda del gobierno, más control a las ventas ambulantes, pavimentación de sus calles, arreglo de sus andenes y un mejoramiento del paisaje.

Pero nadie sabe cuándo llegará. Así han vivido los últimos años.

¿Qué pasa en el sector de El Bosque?, vecinos comentan

Vanessa Bahamón, una habitante de El Bosque relató cuál es el ambiente que se vive en los alrededores de su sector: “la inseguridad va en aumento debido a que cada vez llegan más indigentes y ladrones; a eso le sumamos la cantidad de vendedores que invaden el espacio público.

“Solo en este mes, tenemos dos vendedores de frutas con sus carritos, un vendedor de zapatos con dos mostradores y sillas para los clientes, además vende camisetas de los equipos de fútbol y las cuelgan en las rejas del parque del Bosque sector C.

“Hay una vendedora de accesorios, un vendedor de flores con más de siete baldes llenos, que cabe resaltar antes era vendedor de frutas que también invadía el espacio público; ahora vende flores y es familiar del vendedor de zapatos.

Hay un vendedor de hierbas, una caseta de chance, que ahora la dueña la arrendó para vender gaseosas, jugos, ‘mecato’ y hasta ‘almuerzos’. Y para colmo de males enterraron una nevera en el suelo para guardar la mercancía.

“También tenemos una vendedora de minutos, un vendedor de empanadas vallunas, una vendedora de tortas de pan que es visitada por un señor en moto que la deja parqueada en plena vía o si se demora la guarda en los guaduales.

“Es imposible que sigamos así y no pase nada. Los peatones no tienen por dónde pasar y las autoridades no aparecen” aseguró.

Como ella muchos habitantes piden ayuda por parte de las autoridades, pues el aumento de vendedores les ha traido muchas dificultades.

Otro de nuestros Periodistas del Barrio nos contó qué pasa en su sector: “En la carrera 26a #30-02 de Cañaveral, sobre el andén, frente a la entrada de los centros comerciales se instalaron vendedores de minutos y otros productos que están obstaculizando el paso peatonal.

“Aunque les hacen llamados de atención, la Policía no puede intervenir porque esta actividad no está contemplada como delito, ni mucho menos. Además estos vendedores dicen que tienen derecho a trabajar y aunque en ese sentido tienen razón, lo que no deben hacer es invadir el espacio público.

“Creo que es necesaria la intervención por parte del gobierno local, pues es que el paso para los peatones es cada vez más reducido y hasta peligroso”, finalizó.

Las ventas ambulantes en el sector van en aumento. Gente recorrió la zona del hipermecado Metro y las clínicas, mientras que dos vecinos cuentan lo que sucede en El Bosque.