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| Dic 6, 2013 | Qué pasa?

“El mejor descanso es hacer lo que a uno le gusta”

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Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

Hola doctor, ¿se acuerda de mí?, usted me operó cuando yo era niño.

Quizá cientos de personas le han preguntado lo mismo al doctor Franklin Roberto Quiroz Díaz, sólo que a él le queda muy difícil recordar a todos los niños y niñas que ha intervenido, y peor aún recordar sus rostros casi 30 años después cuando llegan a su consultorio, incluso con hijos abordo, para pedir un control o una consulta para la nueva generación.

Los cierto es que cada vez que al doctor Quiroz le hacen esa pregunta, él responde con una gran sonrisa de satisfacción al saber que uno de sus pequeños pacientes lleva una vida normal.

Este cardiólogo, además de ser reconocido por su talento y profesionalismo, es amado por la comunidad por su gran corazón, pues no puede negar que el trabajo social que ha hecho durante gran parte de su vida lo ha llevado a ser el médico consentido de muchas comunidades.

De un corazón a otro

Tras estudiar medicina en la Universidad Javeriana de Colombia y sentir el llamado del corazón, se especializó en cardiología en Europa donde profundizó en sus estudios.

A principio de la década de los 80, este médico nacido en el Socorro, pero hijo de San Gil, regresó a Colombia y se vinculó con la Fundación Cardiovascular de Colombia. En ese ejercicio laboral comenzó a ver las necesidades de las familias, pues la tasa de mortalidad de niños por problemas del corazón era bastante alta.

“Hace 33 años lo niños no podían acceder a recursos técnicos, ni especialistas para ser diagnosticados, y aunque soy médico para adultos me llamó mucho la atención que los niños morían porque no tenían recursos, así que busqué apoyo y ayuda en Estados Unidos para poder ayudar a estos pequeños.

“En ese momento era director del hospital regional de San Gil y por fortuna encontré ayuda con una fundación, entonces diagnosticábamos los niños y los postulábamos para que viajaran a Estados Unidos donde eran operados. Allá les daban todo: pasajes, hotel, la operación, todo. En ese momento en promedio el costo de cada niño era de 80 mil dólares.

“Eso funcionó porque la Fundación reunía a grandes empresarios de multinacionales, quienes aportaban mucho dinero, por eso se logró que muchos niños fueran operados” relató de especialista.

Fue en ese ejercicio que Franklin Roberto conoció al doctor Víctor Raúl Castillo, quien en ese momento hacía sus años de medicina rural en San Gil, y se dio cuenta de las necesidades de los menores y empezaron a trabajar juntos, así dieron inicio al programa Corazón a Corazón de la Fundación Cardiovascular de Colombia, que sigue recorriendo varias ciudades del país con el objetivo de salvar la vida de cientos de niños y niñas.

Hoy día, el doctor Quiroz es el director del programa a nivel nacional y sigue trabajando de la mano con Castillo.

“Ha sido un trabajo hermoso que ha dejado grandes recuerdos, una vez estábamos esperando a una niña de Villanueva en el aeropuerto para que viajara, y la niña llegó en pijama. Ellos no sabían que eran horas de viaje en un avión, pensaban que era un viaje muy corto, así que nos tocó buscarle ropita y todo.

“En otra ocasión un niño llegó tarde y le dijimos: ¿qué pasó, por qué a esta hora casi pierde el vuelo? Y nos respondió que el papá le dijo: ‘seguramente usted por acá no vuelve, así que quite la mala hierba del platanal antes de que se vaya”, recordó.

Un trabajo imparable

El doctor Quiroz no tuvo reparo para darle la mano a los menores, por eso expandió su radio de ayuda y a Santander llegaron niños de otras partes del país, esperando ser intervenidos y con ello tener una esperanza de vida.

“Trajimos a los especialistas de Estados Unidos a Colombia y ellos nos enseñaron mucho sobre cómo operar niños del corazón. Debo destacar que la primera operación de corazón que se le hizo a un niño fue en San Gil, antes que en otras ciudades del territorio nacional.

“Pero en ese ejercicio muchos me criticaron porque me decían que de dónde había sacado tantos ‘negritos’ en San Gil, pero es que había pequeños de otras ciudades y les dije que los niños y niñas no deben tener nacionalidad, ni límites, ni fronteras, pero sí deben tener derecho a la salud”, relató.

Así comenzaron las intervenciones y los niños podían acceder al servicio sin ningún costo, pero se dieron cuenta de que San Gil se quedó pequeño para la demanda de pacientes y por eso se trasladaron a Bucaramanga, pues como dice el especialista, “acá tienen grandes clínicas, especialistas y además tienen facultades de medicina con profesionales en formación dispuestos a trabajar y aprender”.

El amor lo lleva en la sangre

Como dice el conocido adagio, lo que se hereda no se hurta. Franklin Roberto Quiroz, hizo parte de una familia de ocho hermanos, y es hijo de una mujer que fue maestra toda su vida.

Tal vez el amor que su mamá tuvo por sus estudiantes lo heredó este médico, quien además ya llevaba la vena de médico, pues su abuelo quizá fue quien lo inspiró.

“Mi abuelo fue homeópata en San Joaquín y él era el médico del pueblo, pues resolvía los problemas de los demás y yo veía eso. Por otro lado veía a mi madre que era una maestra que siempre hizo más de lo que debía.

“Ella, por ejemplo, fue la primera maestra en el país en concebir que las aulas fueran usadas de noche para enseñar a leer y a escribir a los adultos que no tenían acceso a la educación, así que después de las 6 p.m. ella se dedicaba a enseñar a los grandes.

“Así que a mí me llamó la atención esa solidaridad de ella”, dijo el médico. Bien podría decirse que Quiroz tomó lo mejor de su madre y su abuelo y se lo dio a sus pacientes.

El presente

En la actualidad el doctor Quiroz sigue completamente activo en su ejercicio profesional, trabaja por lo menos 14 horas diarias, pero en este momento solo diagnostica a los pequeños para que puedan acceder a los beneficios del programa de Corazón a Corazón.

“Mis hijos y mis amigos me dicen que no trabaje tanto, pero esto ya es una costumbre, creo que el verdadero descanso está en hacer lo que a uno le gusta, no me veo haciendo otra cosa; al menos hasta donde yo pueda haré las cosas bien porque así tiene uno vigencia”, agregó Quiroz, quien vive entre Cañaveral y San Gil.

Hace pocos días estuvo en la Guajira, para su sorpresa lo recibieron con actos culturales y cerca de 200 pequeños asistieron a su consultorio.

Los niños y niñas no deben tener nacionalidad, ni límites, ni fronteras, pero sí deben tener derecho

a la salud