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| Oct 18, 2013 | Nuestra Gente, Portada

Soy hincha del fútbol: Gustavo Aparicio

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Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

Las calles de la ciudad se ven abarrotadas del tricolor nacional. La fiebre mundialista está a flor de piel, y como no, tras casi 16 años la selección Colombia regresa a un mundial; de nuevo nace la esperanza de alzar la copa del mundo.

Brasil 2014 es el próximo destino del equipo nacional y desde ya muchos preparan maletas para apoyar al equipo y celebrar a ritmo de samba. Otros ya se dieron el gusto de asistir algún mundial, y esta vez lo verán tranquilos desde la tierrita.

Ese es el caso de Gustavo Aparicio Rodríguez, un gran amante del fútbol. Casado y con tres hijos, quienes también vibran con el balompié, el pensionado pasa sus días en la comodidad de su casa ubicada en el conjunto residencial Club House Gold, de Cañaveral. Desde la sala de su residencia recuerda su viaje a USA 94. Sí, el mundial.

La pasión

En la sala de su vivienda reposan, en muy buen estado y guardadas en álbumes, las fotografías de aquel mundial.

Una a una este hombre calmado y cauteloso a la hora de hablar, pasa las imágenes y a su mente llegan varios recuerdos que si bien en su momento no fueron tan gratos, hoy los relata con bastante cariño.

Gustavo Aparicio se define como un hincha del fútbol, no de los equipos: “mi asunto no es con la selección Colombia específicamente, es con el fútbol en general.

“Soy hincha del fútbol, no de una camiseta, pues lo mejor de esto es que he hecho muchos amigos”, dijo.

La ilusión de ganar

Fue ese gusto por el deporte el que lo llevó a cumplir el sueño que quizá más de uno tiene, pero que pocos logran cumplir, ir a un mundial.

Corrían los años 90 y los jugadas del onceno amarillo, azul y rojo eran casi que tema obligado en todos los hogares del territorio nacional. Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, Freddy Rincón, Leonel Álvarez, Óscar Córdoba, René Higuita, Faustino Asprilla, Iván Ramiro Córdoba y Andrés Escobar, eran algunas de las figuras que hacían vibrar las tribunas.

El 5 de septiembre de 1993 la selección Colombia derrotó a Argentina, 5-0; Gustavo se animó y empezó armar viaje para USA 94.

“Tenía la posibilidad de viajar porque unos familiares vivían en Los Ángeles y le dije a un amigo que ahorráramos y compráramos un tour. Cuadramos las vacaciones para mitad de año y entonces arrancamos” relató.

Lo que no presentía Gustavo es que tendría que tomar un vuelo de regreso antes de lo pactado, “desafortunadamente fue una experiencia un poco triste, porque nos vendieron la idea de que la selección Colombia era la mejor del mundo, pues le habíamos ganado 5 – 0 a Argentina y todos nos creíamos campeones, pero eso no fue así” relató.

Todo estaba listo para el primer partido. El 18 de junio de 1994; los hinchas estaban a la expectativa. El estadio Rose Bowl, de Los Ángeles, sería el escenario para el debut de la selección contra Rumania, los aficionados eran cientos, pues los latinoamericanos se solidarizaron y todos gritaban ‘¡Colombia!’ pero… “llegamos allá con esa emoción, y en primer tiempo, el primer gol. El estadio quedó en silencio”. 45 minutos después el árbitro pitó, marcador final 3-1. Perdió Colombia. Gustavo y su amigo salieron sin palabras del estadio.

El segundo partido

Existía la posibilidad de que el encuentro con Rumania sólo se tratara de un mal comienzo. Pero no fue así. El 22 de junio se jugó el partido con Estados Unidos pero el resultado final fue 2- 1 a favor del equipo anfitrión: “nosotros no nos imaginábamos cómo nos podían ganar, veníamos de una clasificación en la que habíamos ganado sobrados, íbamos alegres; pero fue lo mismo” dijo Gustavo.

Fue en ese partido en el que el defensa Andrés Escobar marcó un autogol que de paso desencadenó su muerte. Gustavo tampoco se imaginaba que los próximos días en el mundial se complicarían debido a ese mal cálculo que hizo el jugador paisa.

El 26 de junio en San Francisco se jugó el último partido de esa ronda contra Suiza, aunque Colombia ganó dos goles por cero, la salida del mundial era definitiva “estábamos eliminados, realmente fuimos al partido por cumplir el tour, pues ya no había nada que hacer nos quedamos a conocer Miami”.

La pesadilla

El 2 de julio Andrés Escobar estaba en un sitio nocturno en Medellín, quizá tratando de pasar el trago amargo de ese autogol.

A la salida un hombre lo esperaba y a quemarropa le disparó. El asesinato del jugador marcó un capítulo de horror en el fútbol colombiano que por esos días llegó a Estados Unidos donde Gustavo y su amigo trataban de disfrutar del paisaje porque del triunfo no se pudo.

“La gente nos increpaba, a todas partes que íbamos nos decían ‘¡ustedes mataron al jugador, al muchacho del autogol, ustedes lo mataron!’. Ni siquiera se sabían el nombre de él solo que era un jugador. Nos reclamaban como si fuera nuestra culpa.

“Entonces le dije a mi amigo que ya no soportaba más eso, que ya era hora de regresarnos, nos culpaban por algo que nosotros no habíamos hecho. Hablamos con la agencia de viajes, nos arreglaron el regreso y nos devolvimos en el primer vuelo”.

La experiencia

“Uno de las cosas que más recuerdo fue la organización de ese mundial, prácticamente no había que hacer cola porque eso era muy rápido y los controles eran muy buenos.

“En la parte interna había gente que le indicaba a uno qué debía hacer, hacia dónde debía dirigirse, había unas zonas refrescantes muy chéveres que acá no he visto”, dijo Gustavo.

Pero en ese viaje quedaron muchas dudas: “cuando estaba allá, después del primer partido le decía a mi amigo ‘Jorgito ¿vale la pena venir a esto, es que uno no ve la retribución por parte del jugador’. Claro uno sabe que esto es un juego: se gana, se pierde o se empata, pero si uno no ve que en un partido aunque se pierda el equipo da la pelea uno dice bueno, pero eso no fue así.

“El equipo no hizo nada por nosotros, y es que además de eso uno veía que los otros equipos salían se tomaban fotos con los aficionados pero nuestro equipo solo salió a jugar y no más, no había ni saludos para nosotros, eso fue muy triste”, dijo Gustavo hoy con la sonrisa de la experiencia y de un deber cumplido.