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| Oct 25, 2013 | Nuestra Gente

Las peceras: “Lo que me gusta y me apasiona”

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Audry Maciel L.

GENTE DE CAÑAVERAL

Edwin Fuentes Vega es un hombre joven, sencillo y algo descomplicado. Eso salta a la vista con sus jeans algo desgastados y su camiseta negra. Esa misma sencillez hace de él un hombre amable, dispuesto a escuchar; pero sobre todo a luchar por lo que quiere y por lo que le gusta.

Con tan sólo 36 años, este santandereano es conocido en la ciudad y el área metropolitana como uno de los hombres más conocedores en especies marinas. Sí, este hombre sabe de peces y todo lo que tiene que ver con su hábitat.

Edwin vive de las peceras. Durante 13 años ha trabajado incansablemente con peces y hoy día es uno de los ‘constructores’ de peceras y fuentes más requerido en la cuidad, especialmente en Ruitoque, por ser experto en el tema del mantenimiento de estas especies.

Es este conocimiento el que lo ha llevado a tener entre sus clientes algunas de las personas más importantes de la ciudad.

Casi nadie creería que se puede vivir de esto, pero este amante de los animales supo desde el primer momento que ese era su rumbo, por eso cuando le preguntan que si cambiaría de oficio responde con un rotundo “¡no!”.

El instinto llegó desde niño

Siendo tan solo un niño Edwin comenzó a tener bastante afinidad con los animales; algo en su corazón le decía que debía cuidar y proteger las especies que conoció cuando acompañaba a su papá a realizar algunos trabajos.

llevaban muchos animalitos y yo era muy feliz porque llevaban desde chigüiros hasta pollitos o tortugas”, aseguró.

Fue quizá ese amor lo que hizo que en 1997 decidiera estudiar veterinaria, pero poco a poco la carrera quedó a un lado.

Fue hacia el año 2000 que los peces llegaron a su vida. El destino fue sabio y le mostró el camino.

“Una vez jugando cartas con unos amigos apostamos y me gané un acuario. Desde ese momento empecé a comprar pececitos y pensé que era un buen negocio.

“De hecho me fui para Bogotá porque estaba haciendo los trámites de la visa pues prendía irme a Estados Unidos en búsqueda de nuevas oportunidades.

“Estando allá empecé a pasear y a buscar sitios donde trabajaran con peceras. Incluso conocí un señor que me dijo que montara el negocio que él me vendía todos los suministros baratos y entonces me animé. ¡Ah! Y no me dieron la visa” dijo.

Edwin le dio rienda suelta a ese sueño. Pero no fue fácil arrancar, casi se ‘ahoga’ en el intento, “comencé con un local pequeño, como de tres metros por seis, pero cometí muchos errores por falta de experiencia. Poco a poco fui avanzando y aprendiendo de estos ecosistemas. Aprendí cómo hacer para mantener a los peces con vida, pues ahí es donde está gran parte de la pérdida, si se mueren toca reponerlos.

“Fueron muchos altibajos, cuando veía que me estaba reponiendo algo pasaba y de nuevo caía. Incluso mi familia me decía que terminara la carrera, que me empleara que esto no era lo mejor”, relató.

Las cosas cambiaron

La vida no fue tan dura Edwin no se dio por vencido: “yo sabía que con esto podía salir adelante, así que insistí e insistí con lo que me gustaba”.

Con el primer cliente a quien le hizo un acuario, empezaron a llegar los demás, poco a poco se corrió la voz del buen trabajo de este santandereano y así ha llegado a tener grandes clientes en sectores exclusivos de la ciudad, como Ruitoque Condominio, donde en grandes viviendas pone un toque acuático.

Hoy en muchas propiedades está la huella de Edwin tanto en acuarios como en estanques donde nadan especies marinas en ambientes totalmente sanos, “el secreto de esto es que a la gente le guste, que vean algo bien hecho, bien montado.

Pero definitivamente son los peces los que enamora a los dueños, hay personas que me dicen: ‘el pez se me acercó y me recibió la comida en la mano, es más vino otra persona en intentó hacer lo mismo pero no le recibió, solo lo hace conmigo’, la gente se enamora de eso.

No le creen

Decir que se trabaja con peces, y no precisamente pescándolos, a veces suena un poco raro: “cuando la gente me conoce me pregunta ‘¿usted qué hace?’ y les digo, trabajo con acuarios, entonces me dicen ‘¿eso si da para vivir?’ (risas)

“Otros me dicen que no trabajaría en esto porque estamos sacando a los animales de su habitad natural, pero yo creo no es malo porque acá no tiene depredadores, al contrario les damos unas condiciones especiales y totalmente buenas.

“Pero también hay personas que me dicen que envidian mi trabajo, una vez un abogado me dijo que él podría dejar su carrera por hacer lo que yo hago porque le parecía muy bueno…”

Luego de 13 años de perseverar, Edwin recolecta los frutos y de paso deja una semilla en sus dos pequeñas de tres y cinco años que desde ya se declaran defensoras de los animales.

Por otro lado reitera que todo el esfuerzo valió la pena, pues ahora al igual que sus mascotas se mueven en el negocio como pez en el agua, “no cambiaría lo que hago porque ha sido mucho el camino recorrido pasando las duras y las maduras y no hay nada mejor que hacer lo que a uno le gusta y lo apasiona”.

«Desde niño me gustaron los animales. Mi papá tenía un negocio donde se manejaban lácteos y llevaban muchos animalitos y era muy feliz».