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| Sep 6, 2013 | Columnistas

El ciudadano decente

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

nicolás alberto alzate m.

En un artículo titulado La sociedad decente de Avishai Margalit, encontré que las sociedades más decentes son las mismas que se han identificado por ser más civilizadas. Probablemente, de allí surge la cultura de la civilidad como aquella forma de ser decente, es decir cívica, respetuosa, humanística y culta, no sólo en el sentido de una persona erudita, sino también cultivada en su calidad ciudadana o política.

Podría afirmarse entonces que de padres de familia decentes surgen hijos decentes, lo que implicaría el resurgimiento de familias, barrios, urbanizaciones e instituciones decentes.

De aquí surgiría entonces la pregunta ¿Cómo formar seres humanos decentes en el ámbito de la familia y la sociedad?

El punto de partida es el testimonio de vida que se expresa desde la capacidad de testificar, con el ejemplo, aquellas acciones que elevan la dignidad de sí mismo y de los otros. Por tanto, el padre o la madre decente o el docente decente es la persona que, con su presencia, con sus palabras, con sus gestos y con sus acciones, valora y hace sentir valorada a quien a su lado se encuentra, sea colega, vecino, estudiante o amigo.

De familias decentes surgen hijos decentes, de colegios decentes surgen estudiantes decentes. Así se construiría una sociedad, una familia, un barrio o una urbanización identificada por el gran respeto y el alto índice de tolerancia.

La persona decente no humilla al vecino, al conductor o al peatón, ni mucho menos vulnera los derechos de las personas que tiene a su cargo. La persona de-cente orienta su saber hacia la crítica rigurosa, la libertad de espíritu, la autonomía, la responsabilidad, la justicia y la equidad.