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| Feb 15, 2013 | Sin categoría

“Todo se lo debo a Dios, mi mamá y Rojas Pinilla”

Por Laura Rojas González

Mario Pinzón durante sus jornadas de control en Cañaveral.

Mario Pinzón durante sus jornadas de control en Cañaveral.

Mario Pinzón Flórez es agente de tránsito desde que tenía 26 años, hoy, 30 años después de que inició la difícil tarea de cuidar los ires y venires de los santandereanos por las carreteras del departamento asegura con lágrimas en los ojos que lo más lindo de su vida se lo debe a su uniforme, ese que quiere, respeta y defiende en cualquier lugar. “Yo siempre digo -Gracias Dios, gracias mamá y gracias a Rojas Pinilla que creó los organismos de tránsito-. Éste es un trabajo muy hermoso, este uniforme para mí es toda mi vida y lo adoro, lo hago respetar donde sea y me disgusto con algunos compañeros que no saben portarlo”.

Padre de tres hijos y abuelo de seis nietos, Mario ha tenido la oportunidad de vivir grandes momentos durante su carrera, entre otros, la venida de su Santidad el Papa Juan Pablo II en 1986.

Los preparativos

“La venida del Papa se arregló con mucha anticipación. La dirección de Tránsito de Bucaramanga preparó al personal para este gran acontecimiento. Duramos como 7 meses entrenando frente a cualquier eventualidad que pudiera presentarse durante su estancia en la ciudad… Por dónde evacuar en caso de un atentado, la seguridad que se iba a montar ese día para que su Santidad estuviera tranquilo. En el operativo participaron más de 300 personas. Estaba el DAS, la Fiscalía, Tránsito, la Policía, fue un despliegue total de uniformados”.

Mario Pinzón Flórez con su difunta esposa y sus hijos en 1986. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

Mario Pinzón Flórez con su difunta esposa y sus hijos en 1986. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

No es difícil adivinar que este agente de la Dirección de Tránsito de Floridablanca es un hombre nostálgico, tierno, enamorado de su familia, de la vida y de las oportunidades que le ha dado su trabajo. El brillo de sus ojos y el quiebre de su voz al recordar viejos tiempos lo ponen en evidencia.

“La venida del papa fue un acontecimiento sin igual. Todas las familias estaban pendientes. En mi casa lo primero que hizo mi difunta señora fue darme la bendición y desearme buena suerte. Ese día estrenamos uniformes, motos, eso fue algo espectacular. Yo me siento privilegiado porque fui escolta de su Santidad Juan Pablo II, tuvimos que traerlo desde el seminario de Florida, a donde él llegó en helicóptero”

El recorrido

“Solamente tuvimos acceso las unidades de seguridad, los agentes de tránsito y todas las personas encargadas de su seguridad. Fuimos los primeros que lo vimos junto con el alcalde, el gobernador, los concejales y diputados. El Papa nos dio la mano y tuvimos el gusto de besarle la mano y encomendarnos a él, eso fue hermoso. Posteriormente lo trajimos en contravía por la autopista, ya todo estaba preparado y no se veían sino pañuelos blancos al aire, gente, emoción por todos lados. Nos botaban papeles, mensajes, fue muy bonito. Bajamos por toda la 61 a la Ciudadela Real de Minas donde él hizo su Santa Misa, ahí esperamos que terminara todo lo que iba a hacer y volvimos a acompañarlo para que se fuera al aeropuerto”.

Un verdadero milagro

“Unos meses antes de la venida de su Santidad tuve un accidente. Iba en una moto por la carrera 15 con calle 5 y un taxi evadió el pare y me levantó, yo pasé al otro lado. Tuve desprendimiento de pelvis y quedé prácticamente paralítico por esa época. Del susto me mordí y me corté la lengua por la mitad. El médico me iba a poner un corsé y mi mamá no dejó. Le hice caso a mi mamá y me fui con ella para la casa. Mi mamá fue la que me cuadró ese hueso, eso fue como un milagro. Me habían dicho que no podía montar moto en ocho meses o más y faltaban solamente tres para que llegara el Papa pero así me subí a la moto y todo salió muy bien”.

Así empezó el tránsito en Bucaramanga…

Equipo de la Dirección de Tránsito de Floridablanca alrededor de 1993. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

Equipo de la Dirección de Tránsito de Floridablanca alrededor de 1993. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

“Yo tengo 30 años de ser agente de tránsito, 10 en Bucaramanga y 20 en Floridablanca. Cuando empezamos el tránsito Bucaramanga no era una ciudad tan congestionada como hoy en día, en 1980 nos tocaba regular tránsito en unos cajones que ponían en las vías principales. Eran unas cabinas altas y uno se subía y normalizaba el tránsito desde allá, sobre todo en las carreras 15, 24, 33, 34 y la 36 con 15, todavía no teníamos semáforos”.

De acuerdo con este profesional de las vías el cambio que ha tenido la Dirección de Tránsito a través de los años ha sido muy positivo. “Cuando yo entré había unos 40 agentes y conmigo entraron como 15. Se creció la nómina aunque seguía siendo pequeña pero con eso bastaba en esa época y lo que era la ciudad, ahora hay más de 150 agentes más la Policía. El problema es que la movilidad ha crecido mucho, el número de vehículos ahora es impresionante y las vías son insuficientes”.

Lo bueno, lo malo y lo buenísimo

Mario durante sus inicios en la Dirección de Tránsito de Floridablanca. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

Mario durante sus inicios en la Dirección de Tránsito de Floridablanca. Suministrada / GENTE DE CAÑAVERAL

No es necesario que Mario Pinzón comente qué es lo bueno de su trabajo porque se le nota: Ama lo que hace, sin embargo, no puede desconocer que como en todos los campos siempre hay algo negativo.

“En toda la trayectoria de ser agente de tránsito he tenido cosas muy bonitas y otras desagradables, como en todo. Este trabajo para muchos no es agradable, mucha gente nos odia pero es porque no ven que es difícil tener que afrontar la calle, enfrentar un accidente o al público, que uno nunca sabe de qué genio se haya levantado. En este oficio un debe ser muy paciente, respetar, no chocar con las personas, tratar de ser lo más educado posible. Yo nunca he tenido una queja por haber tratado mal a alguien en todo el tiempo que llevo de ser agente. También me ha tocado vivir otras cosas muy bonitas como algunas vueltas a Colombia, he conocido a muchos ciclistas porque nos tocaba recibirlos cuando llegaban a Bucaramanga y acompañarlos al territorio donde se dirigían”.

Pinzón, un bailarín empedernido que hace cuatro años volvió a “organizarse” con una mujer -su esposa falleció hace 22- seguirá disfrutando de la vida, de la música, de su familia, de las calles, de la gente que conoce a diario y de orquestar el flujo de los vehículos que recorren las calles de Bucaramanga y su área metropolitana “mientras Dios me tenga con vida y salud”.