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| Ago 3, 2012 | Columnistas

Sobre la diversidad sexual…

Por : Silvia Heilbut

Psicóloga

La realidad de la diversidad sexual es un reto al que se enfrentan los padres y madres al educar a sus hijos. Con frecuencia, y de manera implícita o explícita, se envían mensajes a los niños acerca de estos controvertidos temas y generalmente ellos suelen adoptar las posturas de sus padres. Muchas personas se preocupan  porque los niños ven una caricia, un beso – u otra expresión de afecto- entre dos personas del mismo sexo y en muchos casos evitan que sus hijos se expongan a esto, lo juzgan como incorrecto.

Lo cierto es que es más preocupante que los niños sean educados bajo las tendencias discriminadoras, cuando constantemente se les dice que ese tipo de actos y de personas deben ser castigados, rechazados y aislados porque «es incorrecto o están mal». Estos discursos y prácticas  se asemejan a lo que en muchos momentos de la historia se ha repetido: la intolerancia.

No dista mucho un rechazo a los afectos de personas homosexuales del hecho de rechazar a una persona por ser de ascendencia afro. Esto también se aplica con el hecho de que una persona de religión judía no pueda hacer pública su orientación religiosa (como ocurrió en el holocausto).Tampoco están muy alejados el considerar a los homosexuales «desequilibrados» o «discapacitados» con considerar a los judíos como una raza débil, discapacitada y por ende, inferior. En ambos casos, lo que descansa sobre estas afirmaciones y actuaciones es un gran problema de intolerancia a la diversidad y al derecho de la libre expresión.

El verdadero respeto descansa sobre la posibilidad de dejar ser al otro aunque sea diferente de mí. Estamos en pleno siglo XXI y las expresiones de afecto, como opiniones o posturas, son un derecho a la libertad de expresión de manera pública o privada; no podemos seguir encubriendo intolerancias bajo la premisa de «te respeto pero no te lo permito» o «te respeto pero te rechazo».

Así pues, el convivir con la diversidad se convierte en una oportunidad para que los padres y madres inculquen en sus hijos la tolerancia, y una postura de aprecio por la diferencias (que en últimas todos las tenemos). Recordarles que el rechazo y la discriminación producen daños profundos e irreversibles en una persona y en una sociedad y que como sujetos responsables debemos hacer todo lo posible por no repetir la historia.