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| Jul 13, 2012 | Portada, Salud

Un deporte para el cuerpo y para la mente

Daniel Benavides amarra un extremo de la cuerda a un árbol y busca cuidadosamente el segundo que servirá como soporte para tensar su cinta. Esta cuerda, hecha de nylon o poliéster, de aproximadamente 15 metros de larga por unos 7 centímetros de ancho, se convierte en el escenario sobre el que este joven santandereano practica un deporte que, hasta ahora, era desconocido en nuestra región, el Slackline.

Mientras tensa la cinta con una llave especial que forma parte del equipo, las personas en el parque La Pera no disimulan la curiosidad y cada vez se acercan más para saber de qué se trata todo esto.

“Lo que más me llama la atención de este deporte es que es realmente muy fácil de practicar. Para esto no se necesita una piscina, ni una raqueta, ni un equipo costoso, ni una cancha especial, ni una moto, ni una cicla. Cualquier escenario con árboles y un terreno plano sirve para montar solo, con la familia, con la novia o con los amigos. Me parece que su mayor fortaleza es que se practica al aire libre y prácticamente en donde sea”.

 

Sus inicios

Daniel manifestó que “empecé más o menos hace un año y medio gracias a unos amigos. Uno de ellos vio un video en youtube y empezó a averiguar sobre este deporte en internet. Después supo que las cintas las vendían acá en Colombia y la compró. Empezó a montar con otra gente pero de ellos sólo uno sigue hasta ahora”.

Después de subirse de un salto a la delgada cinta, Daniel extiende sus brazos para balancear su cuerpo y mantener el equilibrio. En este momento todos los ojos en La Pera se dirigen hacia él. Algunas sonrisas también se dibujan en las caras asombradas de quienes no entienden aún que lo que hace este joven es un deporte que desde hace varios años se practica en otros países y, en los casos más extremos, la cinta no está a un metro de altura sino que se extiende a lo alto de dos picos de montañas.

“Esto se practica a nivel profesional pero acá todavía no. En Estados Unidos y otros países hacen torneos de Gibbon, una de las marcas de las cintas pero ellos están a un nivel muy superior al nuestro. Algunos de los que lo practican ya sienten tanta necesidad de adrenalina que lo hacen a grandes alturas como de una montaña a otra o desde árboles muy altos, yo todavía no estoy tan loco”.

 

“En el slackline la cinta es ligeramente elástica, lo que permite efectuar saltos y movimientos dinámicos. La tensión de la cinta puede ser ajustada para satisfacer el nivel de experiencia del usuario. La característica dinámica de la misma permite hacer trucos impresionantes como saltos y flips. Al mismo tiempo, se pueden realizar posturas de yoga o acrobáticas, lo que permite distintas modalidades de entrenamiento”. (Tomado de internet) Este Ingeniero en Telecomunicaciones de la Universidad Santo Tomás, explicó que “la única forma de aprender es montándose. Después de unas cinco instrucciones básicas sólo queda desarrollar el equilibrio y practicar. En mi caso, a la tercera vez de intentarlo ya estaba montado en la cinta, pero hay que tener en cuenta que la primera vez duré toda una tarde intentándolo. Lo más difícil es aprender a mantener el equilibrio porque nuestros músculos no están acostumbrados a conservar la fuerza sin un soporte estable. Todo al que se monta la primera vez las piernas le empiezan a temblar. Después de que dominas eso ya puedes hacer hasta yoga en el slack”.

Ejercicio para el cuerpo y para la mente

Además del fortalecimiento muscular en la parte inferior del cuerpo, y especialmente en el centro, es decir el abdomen, el slackline proporciona otros beneficios a quienes lo practican. “Es un ejercicio excelente. Yo he visto amigos que adelgazaron mucho con este deporte. También hemos investigado y encontramos que el ejercicio del equilibrio, es decir, desarrollar el equilibrio, es muy bueno para el cerebro, podría decirse que también ayuda a ejercitarlo. Físicamente se siente el desgaste, cuando dejo de montar es porque ya estoy exhausto”.

Un deporte que no necesita protección

“Cuando la gente está aprendiendo casi ni puede montarse, así que lo máximo que puede pasar es que uno se caiga de un metro de altura. Los accidentes por lo general no son graves. He visto solo uno en el que un amigo se dislocó un hombro pero fue por el movimiento que hizo con el cuerpo, fue muy brusco. No he visto ninguna lesión por caídas o golpes”.

En este punto de la entrevista los curiosos se han dispersado pero ya hay tres niños en la cuerda. Primero fue uno quien trató de subirse y ahora ya están dos de ellos casi arriba aunque aún no han podido soltarse del árbol que los sostiene. Un tercero mira desde abajo sin atreverse aún a intentarlo. Daniel les pide que se alejen porque “me da miedo que se caigan pensando que es un juego fácil y de pronto les pase algo”. Ellos se retiran apenados, la conversación sigue y los niños, como si no pudiéramos verlos, vuelven otra vez.

“Lo que me gustaría es que más personas se atrevieran a practicar este deporte. En Bucaramanga somos solo unos cuantos y por eso no se puede llevar a otro nivel. Cualquier actividad física es recomendable y es mejor que perder el tiempo en otras cosas. Con mis amigos estamos interesados en crear un torneo local de slackline pero para eso se necesita dinero y por ahora es difícil conseguir patrocinios porque esto aún es muy desconocido”.

“Estuvimos montando en Barichara, durante el Festival de Cine y todos estuvieron aplaudiendo. La gente hacía caras de asombro combinado con admiración, tal vez porque se ve difícil, pero, como casi siempre, nos relacionaron con algún circo, lo que demuestra que aún esto es muy desconocido. La verdad es que esto viene de los escaladores”.

Adicional a la ventaja de que el slackline puede ser practicado al aire libre y con una mínima inversión de cerca de $200 mil, que es el precio aproximado de la cinta, “lo más chévere es que esto lo puede hacer una persona de cualquier edad y casi cualquier condición física, lo único que se necesita son las ganas de aprender y la actitud”.