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| Feb 10, 2012 | Punto de vista

El marketing de la lengua

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

Cuánto ha cambiado el lenguaje, o mejor, cuánto nos lo han querido cambiar.
Los nuevos ejecutivos dejaron de hablar claro. Ahora enredan la lengua, rebuscan palabras, se inventan otras y entre más confuso el mensaje mejor.
Si antes de las 8 a.m. se encuentra uno a alguno de estos directivos de la nueva ola ya no le dicen que van para la oficina a botar ideas, a hablar con su jefe o a ponerse al día, sino que van para su business center, donde se encontrarán con el brad manager para hacer un brainstorming, luego leerán su blog y en el break revisará su tablet, su ipod y su iphone.
Si se cruza uno con una dama a la misma hora seguro le dirá que viene del gym, que va para su house a ducharse porque tiene cita en el spa y luego le realizarán mínimo un lifting o un peeling.
Más difícil se pone la cosa cuando el que se le cruza es un publicista. Este sí que lo deja a uno en la luna, cuando saca su repertorio.
Hablan de que tienen que elaborar un brief o un brochure para presentarlo al sponsor, que mínimo le pedirá hacer un focus group, definir el target y dejar claro el sha

re de su empresa en esa ciudad para buscar la posibilidad de un merchandising.

Caricatura de Omogollón.

Caricatura de Omogollón.

Y lo más triste es que hasta mi hijo de apenas 6 años ya me está diciendo que qué le parece el nuevo look, que el viernes tiene jean day y que hay happy hour en Mc Donald´s.
No sé qué hacer.
Yo prefiero seguir hablando en español, sin rebuscarme tantos términos ni maltratar el lenguaje.

¿Estaré out?

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