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| Ene 27, 2012 | Nuestra Gente, Portada

3.579 ‘hijos’ en su corazón

Los niños se roban el corazón de esta santandereana.

Los niños se roban el corazón de esta santandereana.

El panorama que observaba desde la ventanilla de su auto era tan desolador, que camino al aeropuerto Palonegro no pudo borrar la imagen de esos niños llorando, untados de barro y desorientados.
Ese día, en medio de todos los inconvenientes, el vuelo que la llevaría a Bogotá fue cancelado y ella, a su regreso de la terminal aérea, no lo dudó: ‘¡Voy a recoger a esos niños!’
De manera temeraria se bajó de la camioneta y fue recogiendo uno a uno a los pequeños que lloraban desconsolados, luego de que una avalancha de lodo se hubiera llevado sus pocos enseres y separado de sus padres.
“Era una tragedia terrible, era impresionante ver a esos niños por ahí, sin nada”.
Los subió a la Pathfinder y los llevó a la Fundación Mujer y Hogar, una institución que ella misma había creado años atrás y que brinda albergue de paso a familias necesitadas.
En medio del caos y la desespe-ranza que había provocado la avalancha del río de Oro en Girón, Omaira Nelly Buitrago Bohórquez sentía que debía hacer algo por esos seres, que

Omaira comparte con quienes acuden a su hogar de paso.

Omaira comparte con quienes acuden a su hogar de paso.

una vez en casa ajena pudieron bañarse, comer y cambiarse de ropa.
“Tocó mandar traer medicinas, había niños enfermos… estuve inundada de gente y no sabía ni qué hacer, nos tocó hasta ubicarlos en los pasillos”.
“Yo empecé a llamar a las emiso-ras y a preguntarles a los niños: ‘¿cómo se llama usted?’ y así fuimos buscando a sus familias”.
Con el paso de las horas y los días cada pequeño se fue reencontrando con sus padres en medio de abrazos y lágrimas, que Omaira guardará por siempre en su memoria.
En diciembre pasado fue exaltada por la Asamblea Departamental con la orden Luis Carlos Galán Sarmiento y allí, en el recinto del auditorio Augusto Espinosa Valderrama, estaban esas mamás y esos niños que seis años atrás encontraron una mano amiga.
Con pancartas agradecieron otra vez su gesto, lo mismo que el de todo el equipo de trabajo de la Fundación Mujer y Hogar que ese día les brindó alivio en medio de la tragedia, y que desde hace doce años realiza una tarea inmejorable por las clases menos favorecidas.

El 24 de diciembre la Fundación Mujer y Hogar se llena de personas de escasos recursos que reciben su regalo de Navidad.

El 24 de diciembre la Fundación Mujer y Hogar se llena de personas de escasos recursos que reciben su regalo de Navidad.

‘¿Usted por qué es así?’

La experiencia de los niños y la avalancha de Girón ha sido solo una de las múltiples que ha vivido esta emprendedora mujer, a quien su esposo, Fernando Vargas Mendoza, parece en ocasiones no comprender, pero que apoya ciento por ciento.
Desde que creó su fundación Omaira ha visitado cientos de hogares, se ha metido en verdaderas
ollas, en invasiones, ha ayudado mendigos, prostitutas, drogadictos y ha visto de cerca el dolor ajeno.
“Usted es muy arriesgada, atrevida… ¿usted por qué es así?”, le pregunta a veces su esposo.
– Yo le digo: ‘tranquilo mijo que no me va a pasar nada’.
Con ese mismo desparpajo, sin prevenciones, y con mucha voca-ción Omaira lleva más de una d cada atendiendo desplazados, mujeres maltratadas, enfermos, niños violentados o personas en situación de extrema pobreza.
Desde su Fundación Mujer y Hogar, institución sin ánimo de lucro
que inauguró en diciembre de 2001 en el barrio San Alonso, ha servido de albergue a 3.579 personas.

Su familia ha sido su soporte. Sus hijos: Fernando, María Fernanda, Daniela Fernanda, Mayra Fernanda y su nieta María Fernanda. Así como su esposo Fernando Vargas Mendoza.

Su familia ha sido su soporte. Sus hijos: Fernando, María Fernanda, Daniela Fernanda, Mayra Fernanda y su nieta María Fernanda. Así como su esposo Fernando Vargas Mendoza.

Con recursos propios, algunas donaciones y personal de la Udes atiende actualmente a 20 niños en edad escolar, realiza talleres y capacitaciones en áreas de belleza, alimentos, confección, manualidades y hasta presta servicios médicos, sicológicos y jurídicos en los casos que se requieren.
La evidente necesidad de muchos hogares santandereanos la llevó a crear esta ‘empresa’, tan querida y tan compleja como la misma Udes, de la cual es su motor y alma hace 30 años.
En Mujer y Hogar Omaira ha visto llorar y reír a muchas personas que llegan allí en busca de una ayuda y que se van con el corazón agradecido y con herramientas para seguir luchando.
Las comodidades que la vida le brinda quedan atrás cuando llega a su ‘oficina’ en la casa albergue.
Allí, desde muy temprano, está pendiente de todo lo que sucede a su alrededor, de cómo van las confecciones, de si se necesita otra máquina fileteadora, -de esas que quedaron cuando la universidad acabó su programa de diseño textil, de si los niños comieron, de quién necesita un medicamento, ropa o simplemente un abrazo.

Los 24 de diciembre

Toda esa fuerza interior que la ha llevado a servir, la ha querido transmitir a sus hijos, inculcándoles el amor al prójimo.
Tal vez por eso su hija Daniela decidió que el dinero que recibió cuando cumplió sus quince años fuera destinado a crear un comedor escolar en el barrio Brisas de
Provenza, donde desde 2007 se atiende con apoyo nutricional y sicosocial a niños en situación de vulnerabilidad.
Así, la familia Vargas Buitrago ha transformado la vida de muchas personas, e incluso las suyas, ya que desde hace varios años los 24 de diciembre pasaron de familiares a comunales.
Ese día Omaira y sus hijos llegan a la fundación donde desde la madrugada se han apostado decenas de personas de la calle esperando una mejor Navidad.
Uno por uno va entrando a la sede donde los espera un baño, corte de pelo, ropa nueva y un plato de comida caliente.
Tal vez no sea su redención, pero por lo menos ese 24 de diciembre se ha convertido para muchas mujeres, hombres y niños en un inolvidable día por cuenta de una institución y de una mujer que no claudica en su empeño de servir, y que para este año se ha propuesto crear una panadería a la que llamará Pan y Amor.