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| Abr 1, 2011 | Punto de vista

Necesitamos japoneses en Molinos

Fabio Eduardo Peña, Editor de GENTE CAÑAVERAL

Fabio Eduardo Peña, Editor de GENTE CAÑAVERAL

Las comparaciones son odiosas, pero es que a veces hay que hacerlas para llamar la atención.

Resulta que en Japón, tras el terremoto y el tsunami del 11 de marzo la autopista Gran Kanto en Naka quedó absolutamente destruida en un tramo de casi 200 metros. La vía se abrió y dejó un boquete de más de dos metros de ancho. Visualmente quedó peor que la vía Bucaramanga-Barranca.

Pues para asombro del mundo entero el 17 de marzo los ingenieros japoneses empezaron a reparar esta carretera y en seis días la dejaron como nueva, reparada, pavimentada y pintada. Claro, era una emergencia y se necesitaba trabajar a todo vapor.

Sin embargo, no puede uno sustraerse de hacer la comparación con lo que sucede en nuestro medio.

Para no ir muy lejos, aquí, en Molinos, hay una calle (la carrera 28) de no más de 150 metros que por culpa de unos cuantos huecos fue cerrada por la comunidad para presionar su arreglo por parte del gobierno.

De eso hace ya tres meses quince días.

Tras el cierre de la vía, empezó el rifirrafe entre las entidades gubernamentales. La Alcaldía culpó a Metrolínea, ésta descargó la responsabilidad en la administración municipal y así durante varios días, hasta que tocó pasar Navidad y Año Nuevo sin este paso vehicular.

Hoy la cosa va en que corresponde a las entidades de servicio como acueducto y alcantarillado revisar las redes antes de ‘pensar’ en arreglar los huecos.

Cada vez que la comunidad protesta, van miran, raspan los huecos, revisan las tuberías y no más. Mientras tanto siguen pasando los días y el tráfico sigue colapsado por la autopista, debido a la paquidermia del gobierno que no le pone fin a un problema que ni mucho menos fue un tsunami como el de Japón.

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