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| Ene 29, 2011 | Nuestra Gente

Falla recuerda sus años en Cañaveral

Alejandro Falla

Alejandro Falla

Muchos años atrás, las canchas del Campestre también lo vieron hacerse campeón: era una parada nacional y Alejandro Falla apenas tenía 12 años.

Por tal motivo Alejandro asegura que recuerda a Bucaramanga con mucho cariño pues fue de los primeros nacionales que ganó cuando era un jugador destacado de la selección del Valle y debía recorrer el país con su equipo.

En sus primeros torneos que jugó en Bucaramanga en las canchas del Club Campestre.

En sus primeros torneos que jugó en Bucaramanga.

“Uno en ese momento no estaba tan enfocado hacia el profesionalismo, sino pensaba en la diversión, en hacer deporte, conocer ciudades diferentes, hacer nuevos amigos. Con 12 años era impensable imaginar que iba a ser profesional y que podía estar donde estoy ahora” afirma el tenista.

Y es que si algo tiene el tenis es la oportunidad de hacer verdaderos lazos de amistad con las diferentes personas que encuentran en su camino.

De hecho, cuando se viaja tanto los mejores hoteles son las casas de sus amigos, como lo fue su compañero Felipe Silva, su hospedaje oficial en la ‘ciudad bonita’.

Durante sus entrenamiento en el Challenger.

Durante sus entrenamiento en el Challenger.

“Nos quedábamos en la casa de Felipe, un amigo, que vivía al lado del Campestre entonces era muy cómodo, nos trataban muy bien, porque no solamente me quedaba yo, sino otros jugadores, lo cual hacía que pasáramos momentos súper agradables porque aparte de estar jugando un torneo, en las casas también nos divertíamos mucho” recuerda este jugador.

Y a pesar de que durante años caminó por las calles de Cañaveral mientras llegaba y salía del club, pues desde los 12 años hasta los 17 venía a Bucaramanga alrededor de cuatro veces por año, poco tiempo le quedó para conocer a fondo el sector debido a las largas jornadas que deben vivir en un nacional.

“El único plan que me acuerdo que no podía faltar eran los karts, no sé si todavía existen, pero en esa época íbamos dos o tres veces por el torneo y era una distracción bastante buena” señala entre risas Alejandro.

Sin embargo, del club también tiene recuerdos muy particulares: el reencuentro de todos en la piscina al final de cada día o las empanadas “que no han cambiado en nada” afirma con una gran sonrisa.

Todo un profesional

El tiempo claramente pasó y los días de Alejandro son muy diferentes. Aunque se sigue divirtiendo, sus entrenamientos se prolongaron a una hora y media cada día de tenis, más dos de físico.

Ahora es la raqueta más importante del país y como figura pública debe aprender a estar con la prensa y con sus admiradores que le producen un cariño especial.

“Ahora es muy chévere ver el reconocimiento y apoyo de la gente, en especial de los niños, y miro hacia atrás y es como verme yo ahí: con la raqueta corriendo por el club con la ropa llena de tierra y polvo de la cancha, uno no se cambiaba la camiseta porque estaba más preocupado por jugar. Así que son cosas increíbles que demuestran que el tiempo va pasando y que hay que aprovecharlo al máximo” finaliza el joven jugador.