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| Nov 13, 2010 | Columnistas

Carta abierta a los jóvenes de Colombia

Apreciados jóvenes de mi patria, me dirijo a ustedes para intentar un diálogo reflexivo, con el anhelo de encender una lucecita en sus conciencias. Pero ustedes se preguntarán quién se dirige a nosotros y por qué.

Soy un padre de familia con cinco hijos, natural de Sotaquira, Boyacá, casado con Lucía Flórez Vélez, quien falleció ya hace 8 años. Desde entonces he padecido muchos momentos de soledad, que me han hecho pensar más en mi vida y en la de otros. Soy médico pediatra salubrista y he dedicado la cuarta parte de mi existencia a la docencia universitaria, en las cátedras de medicina infantil y salud pública en Colombia.

En esta actividad he compartido con muchos jóvenes quienes muchas veces me pedían consejos para ser buenos profesionales y yos hablaba de las tres condiciones esenciales: 1. Tener fe en Dios. 2. Perseverar en los buenos propósitos y 3. Tener determinación personal para alcanzar las metas que nos propongamos.

Ahora, ya retirado de la universidad, tengo más tiempo para meditar y enterarme de las ocurrencias que afectan la vida de nuestra sociedad actual.

Por ello con aflicción y tristeza todos los días me entero de noticias que protagonizan los jóvenes que desafortunadamente son desastrosas y mal sanas para su bienestar y progreso. Estas son homicidios, suicidios, violaciones, atracos, embarazos prematuros no deseados, niños abandonados por sus madres y que son tirados a la basura, fugas del hogar, y todo acompañado de alcoholismo y drogadicción que impulsa una violencia incontrolable y funesta.

Es por todo este panorama desolador que quisiera que la juventud hiciera una reflexión profunda sobre qué están haciendo con sus vidas y hacia dónde dirigen sus aspiraciones y objetivos.

Jóvenes, dónde están sus principios éticos y morales imprescindibles para vivir en una sociedad humana digna, dónde ha quedado el buen sentido de su responsabilidad. Tengan muy presente que sus derechos se soportan en deberes que deben practicar para hacer posible una saludable convivencia familiar y social.

Jóvenes, ustedes son muy valiosos y constituyen lo fundamental, para la felicidad de nuestro pueblo colombiano. Por eso se podría hacer un alto en el camino para recapacitar y así comprendan lo maravilloso que es sentir a Dios en el corazón y su ayuda en momento de oscuridad y extravío.