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| Oct 19, 2018 | Portada, Qué pasa?

El Campestre, un Club de mucha tradición

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Como un lugar tranquilo, cómodo y muy acogedor, definen al Club Campestre de Bucaramanga algunos de los socios más antiguos. En pocas palabras… se convirtió en “un segundo hogar”.

Es así como desde 1930 este escenario deportivo, social y turístico, ha sido uno de los más importantes del país y vive en constante desarrollo.

Su primera sede comenzó en la meseta de Bucaramanga, carreras 33 a 29 con calles 49 a 52, donde permaneció hasta 1966.

Incluía una cancha de golf que limitaba al norte con la calle 56 y Avenida González Valencia, por el oriente con la carrera 33, por el sur con la portería de la calle 49 y por el occidente con la carrera 28.

El Club Campestre, como su nombre lo indica, se fundó para deportes al aire libre como piscina, tenis y principalmente golf.

En 1967 el Club Unión compró este proyecto y el Campestre se trasladó a Cañaveral.

La nueva sede nació en los años 60, debido a la necesidad de tener una cancha de golf de 18 hoyos (la antigua solo tenía 9) y estar de acuerdo con el desarrollo urbano.

“El Club fue un fenómeno urbano que se dio en casi todas las ciudades, que crecieron fuertemente en la primera mitad del siglo XX. Ese fenómeno se llama plusvalía, cuando los terrenos rurales se vuelven urbanos y adquieren una valorización enorme y hace que sea mejor negocio urbanizar que dejar áreas deportivas privadas”, explicó Antonio José Díaz Ardila, arquitecto restaurador y Director Ejecutivo del Teatro Santander.

Un club muy

importante

Este Club es uno de los iconos más importantes de Cañaveral, y para sus socios un segundo hogar, teniendo en cuenta que aquí nacieron grandes amistades, sociedades y hasta relaciones sentimentales.

Los Puyana, Liévano, Azuero, González, Gómez Mejía y Martínez Villalba son algunas de las familias más tradicionales del club, y que se han perpetuado de generación en generación.

Marlio Gómez Forero recuerda que desde su niñez frecuentaba este lugar, porque su padre fue socio desde sus inicios.

“Yo estudiaba en el San Pedro y el colegio estaba cerca del club, así que por ahí pasaba todos los días. Era un sitio de estadía permanente, porque por las mañanas iba a hacer natación. Además una tía fue novia de un alemán que fue gerente administrador del Club y nosotros por ser sobrinos teníamos muchos privilegios y hacíamos y deshacíamos y no nos decían nada a pesar de que era un hombre muy estricto. Teníamos palanca”.

Sobre el traslado de Cabecera a Cañaveral manifestó que esa fue una de las decisiones más acertada que tomó la Junta de ese momento, fue muy oportuna. El club ha tenido una dinámica que no ha parado, por eso me atrevería a afirmar que es uno de los mejores clubes campestre de Colombia.

Gómez Forero, quien también fue Gerente del Campestre en los últimos años, recordó que hace 10 años aproximadamente el Club atravesó una de sus peores crisis, tan grave que estuvo a punto de ser liquidado. La empresa no tenía forma de poder cumplir con los salarios y hubo una huelga que duró dos meses. Se hizo un acuerdo y antes del plazo se hicieron los pagos. Yo asumí el cargo cuando se hizo la conciliación”.

Hoy es un Club que está terminando su proceso de remodelación y me siento muy orgulloso de haber contribuido en esta etapa. El Club Campestre es, ha sido, y seguramente seguirá siendo un ente muy importante para la ciudad en todos los aspectos: social, económico. Más que un club elitista y aislado es una fuente de promoción de la actividad del servicio y el turismo en la ciudad”.

Gran

“camaradería”

Para Germán Pava, quien es socio desde hace 38 años, el club es un centro de “camaradería”. “Con el paso del tiempo nos convertimos en una familia con el personal que trabaja allá. Yo ya estoy jubilado y así como unas personas se reúnen en el parque Santander o en un café, yo lo hago de 3 a 4 veces por semana en el club Andalucía, que pertenece al Campestre, a hablar pajarilla con los amigos”.

Recordó que su afiliación la hizo cuando el Club sacó una promoción y con 2 millones de pesos logró ser socio. “Soy golfista y casi que el objeto social del club es este deporte”.

Una de las experiencias más significativas que ha vivido en este lugar ha sido jugar con importantes personalidades de la fuerza pública de Colombia. Aquí venía un grupo de generales retirados del Ejército y me invitaron a jugar. Ahí estuvo El General Matamoros, Valencia, Botero y Pardo”.

En su imagen conserva intacta la imagen del campo de golf del Club antes de ser trasladado a Cañaveral. “Empezaba donde queda El Unión y llegaba hasta en colegio La Presentación”.

Hoy asegura que este es un lugar que tiene todo y que de acuerdo con las necesidades, vive en constantes cambios.

El encargado de la obra fue Elías Zapata, arquitecto de la Universidad Pontificia Bolivariana y reconocido artista y pintor.

Zapata también diseñó el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, en 1957.