Menú de categorías

| Ago 31, 2018 | Columnistas

Ser humilde no resta, suma

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

Conozco muchas personas que son capaces de invitar a sentarse a su mesa a una familia que no tiene para cenar.

Conozco a otras tantas que no les duele ni les da vergüenza pedir dinero para adquirir útiles escolares para niños pobres, alimentos, regalos de Navidad u otras cosas que puedan aliviar el dolor por la necesidad de algunos.

Lamentablemente también conozco a otros que pareciera que disfrutaran humillando a las señoras que colaboran en la oficina, la que lleva los tintos, el que se encarga de los daños de los muebles.

La verdad no he logrado entender ese halo de superioridad que creen poseer, esa actitud que les permite denigrar de un ser humano que les sirve y que por temor a represalias permite y soporta las groserías y las faltas de respeto.

La altanería y la prepotencia que llena el ego de estos seres, les deja ver el poco rastro de humildad y los aleja de la percepción ideal de ese alguien que cualquiera quiere tener cerca.

La humildad es una característica del hombre que lo muestra como un ser capaz de ponerse en los zapatos del otro, de percibir el dolor ajeno y tratar de ayudar, de reconocer sus propios errores y aceptarse con sus debilidades y fortalezas.

Un amigo humilde no pretende hacerlo sentir mal con sus logros y tampoco se acerca interesado en algo en particular.

Él no se ufana de lo que tiene ni de sus capacidades, ni pretende manospreciarlo por lo que usted no posee.

Conozco a muchos seres maravillosos de los que procuro rodearme, de los que cada día aprendo algo.

Procuro alejarme de esos que no me aportan, para que no me roben mi tranquilidad.

Nancy Rodríguez Guevara Editora Gente de Cañaveral (nrodriguez@vanguardia.com)