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| Feb 24, 2017 | Columnistas

Esa doble moral…

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

…Que no es más que profesar pero no hacer. Es reclamar orden pero ante el primer descuido de la autoridad caer en la actitud de ‘vivo’ para escabullirnos al pago de un parqueadero público o al mismo semáforo en amarillo o rojo que atravesamos en la vía. Es querer buscar el orden pero a la primera oportunidad tomar el mototaxi o sobornar al alférez.

Es incluso engañar a su propio hijo con teorías que a la hora del té usted no aplica ni en su hogar, mucho menos en la relación con su ciudad.

Es seguir pensando que si no lo ven puede sacar el celular y contestar mientras maneja, es arrojar el papel al suelo porque justifica su acto anticívico declarando que no hay canecas, es presentarse a una licitación sabiendo que está todo arreglado pues no hay más oferentes que cumplan tales expectativas, es crear falsas cotizaciones, es no cumplir con las fechas pactadas ante un compromiso adquirido.

¿Y a dónde nos lleva todo esto? Lo peligroso del engaño es que de este solo hay un paso hacia la incredulidad.

Y si a eso le sumamos lamentables noticias sobre corrupción en la política, médicos en el cartel de medicamentos, agentes policiales que han terminado infliltrados en robos, sacerdotes acusados de pedofilia, docentes autores de abuso sexual, concejales alterando el orden público, falta de justicia en casos lamentables de homicidios, la desesperanza apremia.

Entendamos de una buena vez la importancia de actuar en consecuencia, de despertar la vocación, de saber que incluso con el más pequeño detalle estamos dando ejemplo y que ante todo está en nuestras manos la gran responsabilidad de devolverle la credibilidad a la sociedad. Hagamos las cosas bien.

Editora Gente de Cañaveral (pbernal@vanguardia.com)