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| Oct 14, 2016 | Columnistas

Tejamos buenas historias

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

Leyendo sobre el seminario de Música y Transformación social que se realizó en Bogotá como espacio para construir la paz, me encontré con dos hermosas historias que quiero compartir para que expandamos mucho más nuestro espíritu hacia las buenas acciones y no perdamos la esperanza.

La primera, el trabajo que realizó un músico e ingeniero en ecología humana, en un barrio marginado de Paraguay. Durante sus campañas de sensibilización sobre reciclaje aprovechó para elaborar instrumentos musicales con los residuos de la basura. Creó un violín con un colador y un chelo con un barril de aceite y algunas cucharas de palo que sirvieron de clavijas. Con los niños y jóvenes del sector inició las clases de música hasta consolidar la Orquesta de Reciclados de Cateura. Y fue tanto el éxito que viajaron por 25 países y fueron teloneros de bandas como Metallica. Así, estos niños comprendieron que la pobreza no es una condición sino un estado, y decidieron cambiar su realidad a partir del arte. Un violín tradicional cuesta más que sus casas, pero ahora, en el sector, cada vez hay más niños que encuentran en su director Favio Chávez, una nueva óptica del mundo que quieren habitar.

El segundo trabajo es ‘Streetwise Opera’ de Inglaterra. El crítico de ópera Matt Peacock, en su tarea altruista de llevar alimento a las personas sin hogar, pensó que ellas podían surgir por medio de iniciativas culturales. Un habitante de calle lo escuchó y le pidió esa oportunidad de sentirse digno y reconocido. Ahora hace parte del coro.

Son este tipo de historias y las que registramos hoy en nuestra edición especial, talismanes para creer en que sí se puede mejorar el tejido social.

Editora Gente de Cañaveral (pbernal@vanguardia.com)