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| Ene 22, 2016 | Columnistas

Vientos de paz

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

Santiago Gómez- Decano de Comunicación Social y Artes Audiovisuales

El Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) estimó que en el último semestre se evidenció la mayor disminución en la intensidad de la guerra en Colombia desde 1965. Hoy hay 97% menos acciones ofensivas de las Farc que en julio y un 73% menos de combates. Nunca antes desde el inicio de la negociación se ha tenido un período tan largo sin acciones violentas y hoy hay 92% menos civiles muertos derivados de acciones de guerra que en julio pasado.

Estas estadísticas coinciden con el anuncio de un acuerdo en La Habana para la dejación de las armas por parte de las Farc con verificación del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que da garantías reales mucho mayores que las de procesos de paz recientes, frente a la seriedad del mismo.

En términos absolutos y sin fanatismos políticos, la realidad demuestra sin ambages que Colombia es hoy menos violenta que en cualquier momento de su historia reciente. Y eso no puede ser sino una buena noticia, por más que los halcones de la guerra intenten disfrazarlo con matices morales y de forma. En suma, hoy se mueren muchos menos colombianos que hace tan solo 25 semanas, producto de las balas de una confrontación anacrónica que históricamente perdió su sentido hace mucho.

Pero la paz no solo se manifiesta por la ausencia de plomo y sangre. Hay que desarmar también la violencia de género, la intrafamiliar, establecer estrategias para desactivar la delincuencia común, pero también derrotar las violencias simbólicas. Mockus recién presentó su estrategia para reactivar la cultura ciudadana en la Bogotá de Peñalosa, soportada en dos pilares tan sencillos y obvios que es triste que alguien nos los deba recordar en el marco de una política pública: recuperar el respeto por el otro desde los actos sencillos y el favorecimiento de situaciones de igualdad en lo público y lo privado.

No basta con desactivar la guerra visible, luego vendrá el reto de apagar los fusiles de la guerra invisible de la intolerancia, el irrespeto y la desigualdad. Pero como vamos, vamos bien.