Menú de categorías

| Nov 28, 2014 | Columnistas

La ‘evolución’ de la educación en Colombia (2)

José Manuel Martínez

Hablábamos la semana pasada de cómo los muchachos de hoy en día, algunos, desprestigian a las instituciones educativas con su comportamiento en el transporte público, portando de mala forma el uniforme del colegio y bajo la complicidad de padres de familia, quienes no tienen reparo en agredir verbalmente y amenazar a los docentes con frases como: “si quiere le pongo una tutela”, “lo acuso por abuso de autoridad”, “lo demando por maltrato infantil”, “lo voy a demandar por explotación del trabajo infantil” (por ejemplo cuando los convocan a brigadas de aseo, etc).

Y mencionábamos leyes que daban un preaviso a lo que vemos hoy.

Una de esas deja burlados y maniatados no sólo a los educadores sino a los padres de familia cuando se nieguen a hacer algún mandado o algunos oficios de la casa tales como: lavar o planchar su propia ropa, barrer, trapear, o colaborar en el negocio con el cual los padres se ganan la vida… ahí recibirán de pago la frase de sus hijos: “si me sigue aburriendo lo o la voy a demandar por explotación del trabajo infantil”.

El gobierno no dice nada a los verdaderos explotadores del trabajo infantil tales como: proxenetas, los dueños de las chiquitecas. Tampoco le importa a los ministros de educación de los últimos gobiernos, que todos los años, de un tiempo hacia acá, en exámenes internacionales los estudiantes de Colombia se peleen el “honroso” penúltimo o último puesto, por debajo de países mucho más pobres que el nuestro.

Menos les ha importado que como consecuencia vergonzosa la educación privada cada año siga muy por encima de la calidad de la educación de las instituciones del estado.

Quedan temas pendientes. Lo del asunto de las miles de niñas estudiantes de 13 años embarazadas por otro niño de14 años da para escribir otras 100 hojas. Lo del microtráfico descarado de sustancias psicoactivas en los colegios y escuelas dará para 200 hojas. Lo de niños de 14 por montones, privados de la libertad en comisarías de familia con 4 o más muertos encima, daría para 300 hojas o cuartillas. Lo de las niñas de 13 que expenden “vicio” junto a los semáforos, con la “astucia” de esconderlo en los sostenes (brasieres), daría para 500 cuartillas.