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| Ago 1, 2014 | Periodista del Barrio

Sigue el escándalo en Cañaveral

Esta imagen fue tomada del video que envió nuestra periodista del barrio.  - Suministrada/GENTE DE CAÑAVERAL

Esta imagen fue tomada del video que envió nuestra periodista del barrio. – Suministrada/GENTE DE CAÑAVERAL

Pilar Linares

Periodista del barrio

Hace unas semanas se dio a conocer el problema que generan los altos niveles de ruido de un karaoke que está frente al conjunto residencial Torres de Cañaveral.

Durante este tiempo se implantó una querella policial contra dicho establecimiento, dando como resultado, un ‘compromiso de buena conducta’ de parte de la dueña y el administrador de dicho establecimiento, incluso al buen uso del suelo, ya que ponen sillas en espacio público, es decir fuera del local comercial.

Pues bien, luego de dicho compromiso seguimos en las mismas. El ruido y el alto nivel de volumen empleado en este lugar no permiten descansar. En la querella la Policía del cuadrante se comprometió a hacer acompañamiento y hacer cumplir el compromiso de buena conducta, pero hasta el momento eso no ha sucedido.

¿No es función de las autoridades velar por la tranquilidad y garantizar el cumplimiento de las leyes? La comunidad no debe estar pidiendo a ‘gritos’ que pasen a diario para pedirles ‘la caridad´ a los dueños del local que baje el volumen.

Los responsables del establecimiento han hecho caso omiso de la querella, no entiendo por qué no ponen puertas que aíslen el sonido y así ofrecer una solución definitiva.

Es increíble que para las autoridades de Floridablanca esté por encima el bienestar de un par de locales comerciales que el bienestar y la tranquilidad de los habitantes de los conjuntos residenciales de Cañaveral que pagan un gran porcentaje de los impuestos del municipio.

Sé que esta situación no solo la padecen los residentes del Conjunto Torres de Cañaveral 1 etapa sino otros tantos. La alcaldía da permiso a los establecimientos comerciales a diestra y siniestra y los establecimientos se han encargado de acabar con la tranquilidad de un lugar que en algún momento era el ideal para vivir.