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| Jul 4, 2014 | Nuestra Gente, Portada

Su vida al rescate de los jóvenes

Marta Patricia vive con su hijo en las instalaciones de la Aldea de Floridablanca. - Laura Herrera/GENTE DE CAÑAVERAL

Marta Patricia vive con su hijo en las instalaciones de la Aldea de Floridablanca. – Laura Herrera/GENTE DE CAÑAVERAL

Audry Laguado

Gente de Cañaveral

“Hace algún tiempo me subí a un taxi y el conductor me dijo: -¿Marta Patricia, no se acuerda de mí?’ -No, lo siento, me recuerda de ¿dónde nos conocemos?-

-Hace algunos años estuve en la Fundación Hogares Claret por un delito menor; en ese momento usted me ayudó y gracias a eso ahora manejo taxi, tengo esposa e hijos y soy una persona de bien.

“Ese fue un momento muy bello porque son las cosas hermosas que tiene el trabajo social”.

Marta Patricia Torres es trabajadora social desde 1990, orgullosa egresada de la UIS.

Nunca dudó qué quería hacer el resto de su vida, en su corazón y en su cabeza sabía que el trabajo con la comunidad sería lo que la llevaría lejos.

Y no se equivocó. En la actualidad Marta Patricia es la gerente del proyecto Aldeas Infantiles SOS de Floridablanca y es una convencida de que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes necesitan una guía para hacer su propia vida y tomar sus propias decisiones, pero sobre todas las cosas lo que necesitan es una familia que los ayude a crecer y a formarse rodeados de amor.

Una vida dedicada a los demás

Uno de sus primeros trabajos lo realizó con la Gobernación de Santander, posteriormente fue Secretaria de Cultura de Bucaramanga, pero uno de los empleos que quizá ha marcado su carrera y su vida, además del actual, fue hacer parte del equipo de trabajo de la Fundación Hogares Claret por casi nueve años.

Cientos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes han hecho parte de su vida, de su proyecto profesional y de su corazón… Marta habla de los jóvenes con los que ha trabajado como si cada uno fuera su propio hijo, pero al mismo tiempo en su voz se esconde un poco de impotencia, pues pese a sus esfuerzos y al de las personas con las que ha trabajado sabe que hay factores que se salen de las manos de cualquier profesional o personas de buena voluntad.

“Mi trabajo en Hogares Claret fue muy interesante, debo decir que también hacía parte de un grupo interdisciplinario extraordinario con el que trabajamos para ayudar a estos jóvenes que por muchas razones llegaban allá.

“En este trabajo hay cosas que lo marcan a uno, como encontrarse a jóvenes que hoy en día son hombres que tienen un trabajo y familia, pero hay otras cosas que lo marcan a uno porque muchos de los jóvenes ya no están…”, la trabajadora social no pudo evitar hacer una pausa para seguir con su relato.

“Nosotros podemos trabajar con ellos y lograr muchas cosas dentro de las instituciones, pero hay tantas en el exterior como el matoneo, el bullyng, violencia en las calles, la farmacodependencia, que cuando salen y se encuentran con esa realidad reinciden.

“En la actualidad la adolescencia tiene cada vez más dificultades, por eso es importante que los jóvenes comprendan que es necesario trazarse metas, pero es necesario acompañarlos en estos procesos.

“Por eso hay que fortalecer a las familias, que las familias sean vinculantes y protectoras, eso es lo único que salva a estos muchachos, tener una familia donde sepan que son valiosos y aceptados, hay que generar espacios donde ellos se sientan vinculados y eso a veces en las familias no existe”, dijo.

Madre y trabajadora tiempo completo

Por estos días Marta Patricia no se cambiaba por nadie. Su único hijo, Sebastián Azuero Torres se graduó como abogado de la UIS.

Para ella es inevitable que se le dibuje una gran sonrisa cada vez que habla de él.

Sebastián es su vida, es su orgullo, la persona que ama con todo su ser, ha sido su constante compañero en cada aventura, en cada trabajo, en cada decisión.

Durante sus 26 años como madre, ha encontrado en su hijo un gran amigo quien siempre la ha respaldado en cada proyecto.

Sebastián tuvo una adolescencia excepcional, pues Marta nunca lo apartó de la realidad de los jóvenes que hacían parte de su vida, al contrario siempre estuvo presente en los procesos de muchos de los jóvenes que crecen en condiciones diferentes.

“Cuando le preguntan a mi hijo cómo ha sido su vida, siempre responde, ‘es que mi mamá siempre me dejó ser, es decir ella siempre me dejó tomar mis decisiones’.

“Claro que siempre estuve presente como guía y sobre todo con mucho amor, porque eso hace que cada persona crezca a partir de lo que aprende.

“No ha sido fácil, él siempre ha visto el contexto en el que se desarrollan muchos jóvenes, pero sé que le ha gustado, a veces juega con los muchachos, incluso su práctica profesional la desarrolló acá en la Aldea”.

Tal ha sido el apoyo de Sebastián que cuando su mamá le propuso ir a vivir a la Aldea, le dijo que sí, “le comenté sobre el proyecto de ir a vivir en la Aldea, pues en ese momento la organización no lo exigía, sin embargo, yo creí que era lo mejor, él me dijo que sí y siempre me ha apoyado”, relató Marta.

Hay tiempo para todo

Tal vez uno de los secretos del éxito de esta trabajadora social es que se define como una persona organizada y disciplinada.

“Todo fluye tal como uno lo organice, tengo un horario establecido y por eso cumplo con todo mi trabajo, además me queda tiempo para hacer deporte, me encanta leer y escribir; y trato de tener tiempo para meditar, siempre he sido muy espiritual pues uno debe sacar tiempo para alimentar el alma”, finalizó.