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| Jul 18, 2014 | Nuestra Gente, Portada

El Coronel López, entre las glorias y las dificultades

Desde muy joven José Alejandro López sabía que quería ser militar. En la actualidad es Coronel.  - Didier Niño/GENTE DE CAÑAVERAL

Desde muy joven José Alejandro López sabía que quería ser militar. En la actualidad es Coronel. – Didier Niño/GENTE DE CAÑAVERAL

Audry Laguado

Gente de Cañaveral

Hace más de 200 años cientos de campesinos descalzos y con machetes, decidieron unirse a una causa: liberarse del yugo español.

Muchos de ellos solo habían escuchado de un hombre llamado Simón Bolívar de quien se decía dormía con un ojo abierto y no se quitaba las botas, pero que soñaba con una región libre para los verdaderos dueños de una tierra que había sido explotada por miles de extranjeros que llegaron desde Europa.

204 años más tarde se rememora la historia de una gran lucha y quedó el legado de las Fuerzas Armadas de Colombia donde aún hay campesinos en las filas: ahora con botas y fúsil.

En la actualidad aún se lucha por el mismo sueño que a su vez es un derecho: la libertad. Algunos hombres han dedicado su vida entera para hacerlo valer, ese es el caso del Teniente Coronel José Alejandro López, quien hace siete meses lidera el grupo del Gaula Militar de la Segunda División del Ejército en Santander.

Ahora con uniforme camuflado y con tecnología de punta el Coronel López busca la libertad de quienes están secuestrados por grupos subversivos o delincuencia común.

De sus 39 años de vida, 21 los ha vivido con uniforme, y asegura que nunca se arrepiente de la decisión que tomó pues desde muy joven sabía que su vida estaba en las filas del Ejército Nacional.

“Es mi vocación”

El Coronel López espera seguir en la institución y llegar a General

El Coronel López espera seguir en la institución y llegar a General

En su oficina de la Segunda División, el Coronel espera al fotógrafo de esta casa editorial pues la cita ya estaba pactada para las 9 a.m. del miércoles.

Sin vacilar el militar accede a las peticiones del reportero gráfico Didier Niño para hacer las imágenes; sale y con una sonrisa, quizá un poco tímida y casi inmóvil ante la lente espera que el flash lo ilumine. Minutos más tarde las fotos están listas.

De nuevo en su recinto la tensión ya terminó y sobre su silla, ahora un poco más cómodo, empieza a relatar cómo ha sido su vida incluso antes de pisar la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba.

“Ser militar es mi vocación, es algo que llevo en el corazón y lo digo sin duda alguna. Lo sé desde que era niño, con mi hermano siempre estábamos pendientes cuando llegaba el Ejército al pueblo (Orito, Putumayo), me gustaba ver a los soldados que llegaban a hacer control a las localidades.

“¡Era lo máximo, era como ver llegar grandes héroes! Entonces empezó a crecer ese amor por la Fuerza Militar”.

Con un relato pausado, López recuerda aquellos años de adolescencia en los que vivía con sus padres con quienes creció en un ambiente de clase media donde, asegura, le enseñaron el valor de las cosas y sobre todo del trabajo.

“Mi padre trabajó en Ecopetrol, pero nuestra vida fue un poco sacrificada.

“En ese momento Ecopetrol daba contratos muy pequeños como de pintar mallas o cosas por el estilo.

“Nuestra vida fue de esfuerzo, no solo fue recibir las cosas pues mis papás son del campo entonces siempre hemos buscado la manera de superarnos”.

A pocos años de graduarse como bachiller la vida los llevó a vivir a Pasto, Nariño, donde la época escolar terminó y con diploma en mano se fue directo para la Escuela de Cadetes donde comenzó su camino como militar en 1994.

Desde entonces se ha enfrentado cara a cara con un conflicto armado que como él asegura: “es duro porque es una guerra entre colombianos”.

La mayor parte de su carrera la ha desarrollado en el área de operaciones o como los mismos militares dicen: en el monte.

Cada uno de sus relatos son casi que una película de acción, López cuenta que lo más duro del conflicto, desde su lado de la historia, ha sido ver caer a muchos de sus superiores o de sus subalternos e incluso algunos amigos.

Es en algunos de esos relatos donde una sombra parece caer sobre su rostro, pues aunque intenta describirlo con palabras es como si éstas no le alcanzaran pues las pausas entre frases dejan entrever que por su mente pasan las imágenes de aquellos momentos.

Entre las glorias y las dificultades

Quizá en el común de la gente se piensa que quienes dedican su vida a la milicia son hombres y mujeres de hierro. Tal vez porque esa es la idea que ha vendido Hollywood a través de cientos de películas.

Pero el Coronel López dice que en ese sentido la realidad supera completamente a la ficción, si bien es cierto que están entrenados para manejar ciertas situaciones que no viven la mayoría del colombianos, también es cierto que viven otras para la que no están entrenados.

“Aunque la mayor parte de mi carrera he estado en el monte no he vivido el secuestro de algunos de los integrantes de mi equipo, pero sí he tenido que ver soldados heridos y muertos…

“Esas situaciones son muy difíciles para uno como Comandante, el hecho de que uno sea militar no quiere decir que uno no tenga sentimientos a flor de piel, ser militar no quiere decir que uno sea duro.

“Imagínese que esas personas con las que uno comparte buenos momentos, otros no tan buenos, o con quienes hay una amistad caigan en combate. A uno le duele porque hoy estamos vivos hablando con un soldado, con un suboficial o un oficial y a los diez o quince minutos están muertos… Eso es duro para uno como comandante.

“En mi carrera militar he tenido varias situaciones que las divido en dos: gloria y dificultades.

“La primera es aquella situación en la que uno saca adelante una misión junto con toda la tropa y todos salen bien.

“Para mí una de esas grandes glorias fue ser comandante de la parte táctica en la operación Sodoma donde cayó alias el ‘Mono Jojoy’, un hombre sanguinario que tuvo secuestrada mucha gente. Esos son los momentos de gloria, en ese momento todos los que participamos en esa operación nos convertimos en héroes porque incluso la gente no creía que podíamos neutralizarlo.

“Pero hay situaciones diferentes. Tras la caída del Mono Jojoy junto con las fuerzas especiales continuamos con la misión y en una operación que teníamos en el Cauca todo se complicó porque intervino la población civil que se mezcló con la guerrilla, nos disparaban desde las casas donde había niños…

“Fue muy complicado manejar esa situación… desafortunadamente ahí me asesinaron dos oficiales: un Capitán y un Teniente, varios soldados resultaron heridos.

“Esos momentos son muy difíciles para uno como comandante porque saber que esas personas que los asesinaron están enfrente mezclados con la población y no se puede hacer nada… En ese momento uno dice ¡Dios mío por qué pasa esto, es una guerra absurda!, pero por desgracia la guerra es así”.

Una nueva misión

Desde diciembre de 2013 López llegó a Santander junto a su esposa y sus dos pequeños de 6 y 5 años, dispuesto a liderar el Gaula.

Para su grata sorpresa se encontró con una población que le ha brindado su amistad, al menos eso dice con una gran sonrisa.

Según él, en ninguna otra parte del país había sentido que la población apreciara y valorara tanto a los militares, pese a la fama de bravos que tienen los santandereanos. En siete meses el Coronel ya tiene varias amistades de los diferentes gremios de la ciudad. La vida del Coronel López sigue en medio de tácticas, estrategias y camuflados, al menos mientras la institución y la vida se lo permita, pues entre sus planes espera poder ascender al General y ver su país en paz.

“Creo que algún día llegará la paz, ¿cuándo? , no sé; pero si sueño con que mis hijos o mis nietos puedan vivir en un país en paz”.

En cifras

21

años ha dedicado el Teniente Coronel a las Fuerzas Armadas.