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| May 2, 2014 | Nuestra Gente

Antonio Figueredo, médico salva-vidas

El doctor Figueredo es padre de dos niños con quienes comparte los grandes momentos de su vida.  - Didier Niño/GENTE DE CAÑAVERAL

El doctor Figueredo es padre de dos niños con quienes comparte los grandes momentos de su vida. – Didier Niño/GENTE DE CAÑAVERAL

Audry Laguado

Gente de Cañaveral

Oriundo de Cúcuta, Norte de Santander, egresado de la Universidad Nacional, Antonio Figueredo Moreno es médico de corazón.

Con tan solo 16 años de edad supo que eso era lo que quería ser para el resto de su vida cuando abrazó a su abuela y le dijo, “¡pasé en la facultad de medicina de la Nacional!”. Y no se equivocó, esa fue, es, y será su vocación: salvar vidas.

En la actualidad, el doctor Figueredo hace parte de la Fundación Cardiovascular de Colombia, como jefe del departamento de cirugía.

Hace tan solo unas semanas lideró la intervención que le dio un nuevo soplo de vida a Cielo González tras implantarle el primer corazón artificial de Suramérica.

Quizá el secreto del éxito de este cirujano, quien es pausado, tranquilo y preciso a la hora de hablar, aunque nació en una tierra caliente y bastante bulliciosa, es que además de ser disciplinado, es compasivo y humanista por naturaleza.

Se puede decir, sin temor a equivocarse, que el doctor Figueredo es un científico de gran corazón.

Inició el camino

Siendo tan solo un adolescente, cuando estudiaba en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de la capital nortesantandereana, Figueredo ya se perfilaba como un futuro médico, pues sabía cuáles eran las materias que más le gustaban y por eso se proyectó y se propuso ser un gran científico.

“En esa época había orientación vocacional en el colegio, te hacían algún test y te decían: tu perfil es este; y si eso compagina con lo que te gustaba y tenías orientación familiar pues todo iba sumando y no te quivocas”, relató.

Debido a que en ese momento pocas universidades ofrecían medicina, su opción fue la Universidad Nacional, donde presentó dos pruebas bastante complejas, que pasó sin problemas gracias a su dedicación: así comenzó su camino como médico.

El verdadero reto comenzó cuando de Bogotá saltó al Casanare a realizar su periodo como médico rural, donde además de poner a prueba los conocimientos adquiridos, le tocó acoplarse al clima agreste, a las costumbres y al hecho de estar prácticamente incomunicado.

Para la época solo había una cabina de Telecom, donde podía llamar o recibir las llamadas de sus padres.

Sin embargo el especialista asegura que el año y medio que pasó en Paz de Ariporo, Casanare, fue tal como pensó que sería: enfrentado a la realidad de una población que lo necesitaba y la que podía ayudar.

“Llegué a un hospital donde solo había un médico director y cuatro rurales, todos éramos compañeros.

“Pero yo quería hacer un ‘rural rural’ por eso me fui para allá; como ya me gustaba la cirugía sabía que en este sitio podía realizar prácticas quirúrgicas, pues allá las condiciones eran diferentes.

“Hacíamos cesáreas, cirugías de hernias, de ortopedia simples y por fortuna contábamos con material para trabajar.

“Recuerdo que no había luz y la planta eléctrica solo funcionaba de seis de la tarde a diez de la noche; cuando llovía era peor porque quedábamos completamente incomunicados…

“Para hablar con mi familia hacíamos algo que quizá no era muy permitido que digamos.

“Mi papá trabajaba en servicio de salud pero como contador, en ese momento las instituciones tenían comunicaciones con radio de onda corta, entonces él se comunicaba conmigo cuando nadie usaba esos radios, los encargados lo dejaban que me llamara por unos minutos, me decía: ‘hola mijo cómo está, cuándo se viene’ y así (risas)”, recuerda el especialista.

Con título en mano

Terminado el rural, comenzaba un nuevo camino, regresó a Cúcuta donde trabajó algún tiempo pero el camino lo llevó a Buenos Aires, Argentina, donde se presentó para ser médico resdiente; y como en la Nacional, pasó de inmediato.

La estadía en Argentina se extendió por 10 años, pero durante ese tiempo Figueredo hizo experiencia y dejó su huella, “entré como cirujano general al hospital Enrique Tornú, un hospital fuerte en cirugía de tórax donde permanecí cuatro años, al finalizar ese cuarto año me nombraron jefe de residentes, por eso me quedé un año más”.

Pero su gran encuentro con la cirugía cardiovascular fue en la Universidad Favaloro, donde hizo la especialidad.

Pero quizá el regalo más grande que le dio Buenos Aires fue conocer a una colombiana,,Zulay Ramírez, a quien hizo su esposa y la llegada del pequeño Nicolás, su hijo mayor.

Con un niño de cuatro años, su esposa y una gran experiencia, llegó la hora de regresar a la tierrita, retornó a Cúcuta a reacomodar su vida.

Fue en ese periodo cuando envió su hoja de vida a la Fundación Cardiovascular, buscando poner en práctica sus conocimientos en Colombia.

“Inicialmente me dijeron que no había posibilidades pero que cualquier cosa me llamaban, pero a los dos meses me llamaron, pues había un proyecto con la Fundación Santa Clara en Bogotá y allá lo dirigí durante dos años”, recordó.

Una vez el proyecto quedó completamente organizado y terminado, Antonio se regresó a la FCV como jefe de cirugía cardiovascular de adultos, pues además realizar trasplantes cardiacos, realiza los renales.

Así que regresó para radicarse en Santander, solo que ahora venía con una familia más grande, abordo llegaba Santiago su segundo hijo.

Sus hijos, Nicolás y Santiago son su gran orgullo

Sus hijos, Nicolás y Santiago son su gran orgullo

No es la cantidad, es la calidad de tiempo

El doctor Antonio Figueredo es un profesional bastante ocupado.

Sin embargo sabe que su familia es lo más importante en su vida y es que eso salta a la vista, pues no puede evitar que sus ojos brillen cada vez que habla de ellos.

Según el profesional lo importante no es la cantidad de tiempo, es la calidad para compartir “no es difícil, aunque hay cosas a las que no puedo asistir, como las reuniones de padres de familia.

“Sin embargo cuando tienen izadas de bandera o eventos por el estilo, busco un momento, salgo un rato y voy.

“Siempre tratamos de tener tiempo de calidad los fines de semana… Por ejemplo he sido el profesor de natación de los dos, con el pequeño eran dos horas de natación, una de clase y otra de ‘recocha’ (risas), pero lo importante es que pasamos tiempo juntos momentos importantes.

“Con el mayor, Nicolás, vamos a cine o salimos a comer, a veces volábamos parapente pero tenemos rato que no salimos porque cursé una maestría en la UIS en administración de negocios”, relató.

Lo cierto es que este médico hace todo lo que esté a su alcance para compartir los mejores momentos de su vida con su familia.

¿Habrá otro médico en la familia?

Figueredo cree que su hijo mayor probablemente siga sus pasos como médico, sin embargo es algo que aún no puede afirmar pues el joven aún tiene tiempo para pensar con calma esa gran decisión.

“El menor no creo que quiera ser médico, lo digo por su forma de ser, a veces me dice, ‘¿por qué no pensaste en otra carrera en la que tuvieras un poco más de tiempo?’ (risas).

“Cuando tengo el tiempo lo ayudo a hacer las tareas pero me dice: ‘tu para esto no tienes talento’ (risas)”.

Sigue trabajando

En este momento el doctor Antonio Figueredo, como integrante de la FVC, trabaja en un proyecto que se lleva a cabo junto con la Universidad de Santander UDES.

Este proyecto busca formar nuevos cirujanos cardiacos en Santander.

La idea es que su experiencia y la de sus colegas sea trasmitida a los nuevos médicos que se forman en la ciudad.

“En este momento ya somos hospital universitario, solo hay tres en el país y la FCV es uno de ellos, claro con la nueva reglamentación porque cumplimos con todos los estándares de calidad”, aseguró. Figueredo sigue demostrando que es un cirujano de gran corazón, pues tan solo un día después de hablar con Gente, salió directo a Bogotá a acompañar a uno de sus pacientes.

Quizá ese es el secreto de su éxito se su pasión por ser un médico de corazón.