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| Feb 14, 2014 | Nuestra Gente, Portada

Camila Bretón, ejemplo de gallardía

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Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

Basta con mirar a Camila Bretón para darse cuenta de que su corazón y su valentía son más grandes de lo que quizá ella imagina.

Su tono de voz suave, pero al mismo tiempo firme, revela parte de su personalidad y su seguridad, pues sabe qué debe decir y sobre todo cómo hacerlo en el momento indicado.

Pero tal vez son sus ojos claros los que dejan ver su alma libre, su amor por la vida y todo lo que la rodea.

Camila es ejemplo de superación y de pasión. Desde muy pequeña, incluso antes de tener uso de razón, tenía claro que quería ser artista y así lo hizo.

Ha enfrentado las dificultades físicas que la vida le puso en el camino y mejor aún ha hecho de la crueldad de algunas personas una razón más para superarse a sí misma.

Esta artista, quien se desempeña como docente del colegio Panamericano y vive en Cañaveral, nos contó su historia.

“Supe que quería ser artista”

El talento lo ha llevado en la sangre. Eso es algo innegable.

Sus padres lo supieron desde siempre, pues en sus primeros años de vida Camila hizo de los lápices, colores y papel un universo completo que surgía de su mente y corazón.

Ella siempre supo a qué vino a este mundo, “esto es algo que tengo desde muy pequeña, mis papás me cuentan que cuando era una niña yo pintaba y decía que quería ser artista.

“Poco a poco, en el colegio Panamericano de donde soy egresada, comencé a participar en concursos de dibujo y siempre ganaba, me iba muy bien, desde entonces supe que quería ser artista, sin embargo mi familia me decía que con el tiempo pensara en otra cosa que fuera más rentable”, relató Camila, quien tiene 34 años.

Pero con los años la vida la sorprendió, no solo a ella sino a su familia, en su cerebro un tumor crecía y pasó de ser una adolescente con condiciones motoras normales y ser una persona con discapacidad.

“Cuando cursaba cuarto bachillerato me descubrieron un tumor en el hipotálamo, me llevaron al Bogotá y allá me operaron, pero después de la cirugía parece que no llegó suficiente sangre al cerebro y sufrí algo que se denomina hemiplejia, es decir: tengo parálisis en la mitad del cuerpo.

“La parte izquierda está paralizada desde entonces”, relató Camila.

El renacer en sus cenizas

Como un ave fénix, Camila Bretón, quien tan solo era una adolescente cuando fue intervenida, renació de sus propias cenizas.

La recuperación, que en teoría debería durar un año o más, ella la consiguió casi en un mes, su propósito era regresar al colegio al precio que fuera.

“Recuerdo que llegué de Bogotá muy decaída, porque prácticamente no tenía movimiento, sin embargo comenzamos con la terapia de recuperación y lo que nos dijeron es que eso tardaría por lo menos un año.

“Pero eran las vacaciones de mitad de año y yo quería ir al colegio, entonces mi mamá aprendió a realizar las jornadas de fisioterapia, y en la casa ella me las hacía dos veces más.

“Así que cuando iniciaron las clases yo entré prácticamente caminando, con bastón pero caminando, lo logré casi que en un mes.

“Algunos de mis compañeros me recibieron con cariño, otros me rechazaron, sin embargo seguí estudiando y cuando me di cuenta hasta se me olvidaba dónde dejaba el bastón, porque caminaba sola”, relató.

El paso directo a sus sueños

Pese a las pruebas que le puso la vida, Camila no dejó de pintar ni de soñar.

Una vez se graduó del colegio le dijo a sus padres que quería estudiar artes plásticas, pero las cosas no eran tan sencillas.

“Mi familia esperaba que yo estudiara algo aparentemente más rentable, algo como administración o algo así, pero yo sabía qué quería hacer, entonces me inscribí en una universidad.

“Inicialmente para mi papá fue muy duro, él dijo que me acompañaría el primer mes porque no se sentía seguro dejándome sola.

“Solo fue una semana cuando se dio cuenta que me desenvolvía muy bien (risas)”, dijo Camila.

En esa primera etapa cursó cinco semestres en la universidad, pero se dieron cuenta de que esa institución no tenía las acreditaciones requeridas por el Estado, así que perdió esos semestres porque no se los validaron en otra universidad.

Así fue como llegó a la Universidad Industrial de Santander, UIS, donde las cosas cambiaron significativamente: “me encontré con tres profesores bastante particulares.

“La primera me dijo que me dedicara a la parte teórica, a estudiar historia del arte, porque ella veía que yo leía y que me iba bien y segundo porque creía que con mi discapacidad no podría hacer mayor cosa.

“Otro me dijo que no podía hacer nada, que cómo pretendía hacer escultura con una sola mano, que no siguiera en eso y me hizo perder la materia en dos ocasiones.

“Aunque fue muy cruel, muchas personas me ayudaron, me dijeron que yo podía, le demostré que esto era lo que me gustaba y me gradué, hoy me mira con respeto y somos colegas.

“La otra profesora la recuerdo porque me decía que ella había conocido personas con discapacidad que habían estudiado como yo y que ella sabía que lo podía lograr y así fue”, relató Bretón.

La vida laboral

Tras graduarse Camila hizo sus primeros trabajos como docente en una caja de compensación, de lo que se ganaba se le iba la mitad en transporte, pues ella debe desplazarse en taxi.

Aunque amaba dictar sus clases en 10 colegios diferentes del área metropolitana, se dio cuenta de que necesitaba otra oportunidad laboral con mejores ingresos, pues como dicen por ahí, de amor al arte no se vive.

Fue en ese momento que la docente de arte que laboraba en el colegio Panamericano, que se retiraría de la institución, la recomendó y cuando en el colegio se dieron cuenta de que era una de sus egresadas, la llamaron inmediatamente.

Ahora los más pequeños del Panamericano son sus estudiantes, esos pequeñines hacen de su imaginación los mejores momentos de la vida de Camila.

Por otra parte esta artista comezó a realizar actividades alternas y pasó a apoyar a sus colegas, por eso creó la Casa Bretón, Corporación Artística y Cultural con la que busca abrir espacios para los artistas de Santander.

Aunque inicialmente solo eran tres personas las que trabajaron con ella este proyecto, en este momento ya son 15.

Han sido muchos los retos que ha enfrentado esta mujer y ha superado cada uno de ellos gracias a su tenacidad, perseverancia y el apoyo de su familia.

Ahora son sus pequeños estudiantes quienes aprenden de sus vivencias, de su amor al arte, al planeta y a la vida.

“No hay que perder el tiempo lamentándose, son muchas las cosas que hay por hacer en el mundo, ¿para qué perder el tiempo en lamentaciones?”, finalizó Camila.

No hay que perder el tiempo lamentándose, son muchas las cosas que hay por hacer en el mundo, ¿para qué perder el tiempo en lamentaciones?