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| Dic 13, 2013 | Nuestra Gente, Portada

“Tenía que aprender a volar”

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Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

El viento tocó sus mejillas, abrió sus alas y el vuelo fue inevitable.

La vista y el olor del paisaje de Santander, despertaron aún más sus sentidos… Como un ave más se paseaba sobre lo más alto de lo que quizá pudo imaginar.

Con tan solo 21 años, Damaris Lillo Corzo se sintió más libre que nunca en su vida. “Después de varios días de práctica en tierra, pues hice muchos vuelos de pasajera en parapente, decidí hacerlo sola, pues desde el primer vuelo supe que tenía que aprender a volar, y un par de semanas más tarde ya estaba en mis primeros vuelos sola”.

Damaris, ahora tiene 27 años, y es una parapentista de Floridablanca, criada en Ruitoque Bajo, donde aprendió a respetar y amar la naturaleza.

Fue en ese hermoso lugar donde vio día tras día cómo parapentistas salían a ‘volar’ ante sus ojos.

Arriesgada pero con ganas de cruzar por los aires, se le midió a este reto que la ha llevado por varias partes del mundo.

De la curiosidad al aprendizaje

Damaris creció en una finca de Ruitoque Bajo junto a sus padres y hermanos. En esos rincones, donde siempre ha sido libre, tomó su bicicleta y a los 17 años ya practicaba ciclismo de montaña. Fue precisamente en las montañas, donde vio que se puede volar sin alas, pero sí con un parapente. Durante tantos paseos y recorridos en su bicicleta, vio cómo decenas de personas cruzaban por el aire y despegaban.

Damaris sintió que era necesario aprender, y en el voladero de parapente ‘Las Águilas’ se entregó al aire, bajo la enseñanza de Willy García; con el paso del tiempo se dio cuenta de que no sólo se trata de volar, sino de conocer la naturaleza.

“Lo primero que uno ve cuando va a volar en la mañana son muchos chulos en el cielo.

“Me decían que los chulos volaban sobre algo podrido que había en la tierra, y no es así; lo que sucede es que el piso se calienta y empiezan a salir como burbujas de aire caliente.

“Es en ese momento cuando los chulos empiezan a girar. Mientras suben se encuentran con un punto donde el aire se empieza a enfriar, hasta que se forman la nubes. Esto se llama el punto de rocío. Los chulos muchas veces nos guían en esto”, explicó la deportista.

De Ruitoque para el mundo

Son pocas las mujeres que se le miden a realizar parapentismo, en promedio menos de 30 mujeres practican esta disciplina en el país, por eso para Damaris ser parapentista es un reto aún más grande.

Gracias a su disciplina, pues cabe destacar que desde muy temprano sale en su bicicleta a entrenar todos los días, esta deportista ha podido conocer otros países, participando en varios torneos.

Estados Unidos, Canadá, Suiza, Francia, Italia, Austria, Eslovenia; y en este momento Venezuela donde está entrenando para el campeonato Nacional de Parapente que se realizará en enero de 2014, son algunos de las naciones que ha visitado y de las que ha aprendido algo. “Cada vuelo es diferente, nunca los días se desarrollan de la misma manera, siempre es diferente un vuelo del otro, por ejemplo en el norte de Estados Unidos, fui en primavera y el frío en las montañas fue muy duro.

“Pero no deja de dar un poco de temor, pues en cada antes de los despegues en lugares nuevos, siempre me pasa una corriente en el estómago, en Dolomiti, Italia fueron las montañas más altas donde volé sobre los Alpes” relató.

Los riesgos de un sueño

Son muchas las historias que puede contar esta joven, pero una que quizá tiene más presente le ocurrió en el lago Cheline, cerca de Washington (Estados Unidos), donde pudo volar durante siete horas en un día. Otro ocurrió en el voladero ‘Las Águilas’, cuando cayó a un potrero al que los parapentistas llaman ‘la moneda’, y fue acosada por cerca de 80 vacas. Y una más, cuando su entrenador Jimmy Álvarez (q.e.p.d.) la obligó a saltar y recorrer el Cañón del Chicamocha, porque los nervios no la dejaban despegar.

Pero la que nunca olvidará, y asegura le ocurrió por inexperta, fue el día que su parapente se cerró en el aire. “Lo vi completamente desbaratado y me asusté muchísimo, porque no lo controlé como debía. Pero así como colapsó, inmediatamente se abrió. Aterricé llorando ese día. Los que estaban abajo estaban riéndose, porque sabían que lo podía controlar”, recordó.

La familia

Sus padres están muy orgullosos y nada que decir de sus amigos, quienes cada vez que la ven le piden que los lleve a volar, sin embargo Damaris sabe que aún no está certificada para llevar pasajeros en su parapente, por ello no se arriesga.

Sin embargo sí se atreve a decir que es la mejor experiencia del mundo y por ello recomienda que la practiquen: “muchas personas se asustan, pero cuando ven las fotos de los lugares donde vuelo se alegran de cada paisaje”.

“Mi familia está feliz, mi papá y mamá, mis hermanos y sobrinos son los más felices de que practique parapente, mis amigas y amigos todo el tiempo me dicen que los lleve a volar” relató.

Los retos que vienen

Damaris se define como una persona tranquila, que vive cada día con gran intensidad.

En estos momentos la joven cuenta con el apoyo de Indersantander, sin embargo es consciente de que el deporte que practica es bastante costoso y está en la búsqueda de más patrocinadores que la ayuden a seguir adelante con sus sueños y sobre todo a dejar en alto el nombre de Santander.

“Estoy muy agradecida con Indersantander, pero sigo buscando apoyo para mi proyecto deportivo del próximo año.

“Ese dinero sería para poder asistir a las competencias de 2014 tanto a nivel nacional como internacional y también para equipos deportivos” dijo.

Lo vi completamente desbaratado y me asusté muchísimo, porque no lo controlé como debía. Pero así como colapsó, inmediatamente se abrió.