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| Nov 29, 2013 | Columnistas

Por eso fracasa el reciclaje… (II parte)

GENTE DE CAÑAVERAL

GENTE DE CAÑAVERAL

Amelia Borda

Hace unas semanas mencionábamos que una de las razones por las que el actual sistema de reciclaje no funciona es por su mala planeación y ejecución.

Hay que decir que no se organizó a los recicladores quienes reciben su sustento de lo poco que recogen en las calles.

Mientras los carros recolectores se demoran estos recicladores ‘de la calle’ madrugan más para escoger lo que les sirve. Para esto posiblemente la solución habría sido comprar a los mismos recicladores, a buen precio, el reciclaje ya separado.

Otro punto es el almacenamiento. Se consiguieron bodegas para llevar allí el material y en la primera semana casi se llenó el cupo de las instalaciones; además las personas encargadas no daban abasto con la enorme cantidad de deshechos, algunos contaminados porque los usuarios no tienen el conocimiento necesario para separar desde sus casas o por la disminución de un día de recolección. Simplemente les pareció muy fácil no reciclar.

Cuando hicieron el balance en la primera semana se dijo que Floridablanca fue el municipio que mejor recicló y así debió ser porque por el año 2004 o 2005 la Emaf impulsó una campaña de reciclaje donde comenzaron por hacer reuniones con los administradores de los conjuntos residenciales buscando apoyo a la campaña.

Así mismo, en coordinación con los colegios, se hizo una campaña puerta a puerta donde los alumnos de los grados 10 y 11, previamente capacitados, en sus propios conjuntos o barrios difundieron la campaña controlados mediante planillas que llenaban las personas de cada vivienda. Posteriormente los colegios validaban este trabajo como labor social o alfabetización, requisito indispensable para su grado de bachilleres.

Esto además de conceder un beneficio a los alumnos les creó sentido de pertenencia hacia sus conjuntos, civismo a los jóvenes que participaron y los padres de estos jóvenes acogían mejor las enseñanzas de sus hijos.

Adicional a esto el Emaf entregó la labor del reciclaje a una cooperativa de madres cabeza de familia a quienes se les identificó con un carné y se les asignaron los conjuntos o zonas donde debían organizar el material.