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| Nov 22, 2013 | Periodista del Barrio

Martha y Adriana Vega, hermanas, socias y emprendedoras

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Audry Laguado

GENTE DE CAÑAVERAL

La pasión por lo que hacen es quizá el secreto del éxito de las hermanas Marta Lucía y Adriana Vega, quienes por más de 20 años se han dedicado al comercio.

Tras crear su propia empresa, estas hermanas, quienes viven en Ruitoque Condominio ahora luchan porque otros comiencen a trabajar y ganen su propio dinero sin tener que depender de ninguna empresa.

En medio de viajes, compras y ventas, las hermanas Vega se mantienen juntas y luchan por sus familiares a quienes aman incondicionalmente y disfrutan de la Navidad en compañía de sus seres amados.

Los inicios

La mayor de este par de hermanas es Martha Lucía, una mujer de armas tomar, en el mejor sentido de esa frase, emprendedora y luchadora.

Desde muy joven aprendió que cuando se trazan metas se puede trabajar para alcanzarlas pues ha sido así como ha obtenido todos sus logros.

Martha habla con seguridad y solo las cosas más trascendentales en su vida hacen que le quiebren un poco la voz.

“Comencé a trabajar a los 19 años. En esa época solo se vendía ropa y maquillaje que eran traídos de Estados Unidos y Panamá. Clara María Chaín me dijo que me fuera a trabajar con ella y me contrató para vender mercancía en su casa.

“Recuerdo que me sentaba todo el día a esperar a las amigas de ella que llegaran a comprar, pero había días que no llegaba nadie. Eso era en la primera etapa de Cabecera.

“Ella siempre me mandaba a pagar las cuentas al banco, pero yo pasaba y veía los almacenes y notaba que las dueñas comercializaban cosas similares a las de nosotras. Entonces un día cogí una bolsa y eché maquillaje porque en esa época no habían morrales en Bucaramanga (risas).

“Así que decidí meterme a un almacén y ofrecí lo que llevaba, de inmediato me dijeron que sí y me hicieron un pedido grande.

“Recuerdo que en esa época no había envidia ni nada de eso, entonces la señora salió y le dijo a otra de otro almacén y le dijo ‘oiga venga y mire lo que trae ella compre’ y me compró” relató Martha.

Fue así como el camino del comercio se abrió para esta santandereana, quien junto a su amiga poco a poco aprendió los secretos de lo que sería su futuro.

La nostalgia

Martha comenzó a pagar sus estudios de administración de empresas en la universidad y aunque terminó su carrera se dio cuenta de que lo que le gustaba realmente era vender, pero al por mayor, pues lo detallado y quedarse detrás de un mostrador no era lo suyo.

Hasta sus compañeros de universidad le decían cuando llegaba a clase, ‘¿cuánto se vendió hoy?’ pues para nadie era un secreto que ella amaba el comercio.

“Un día Clara me dijo que se iba a Estados Unidos a estudiar inglés y que me dejaba encargada del negocio junto al papá de ella.

“Cuando volvió me dijo: ‘estoy enamorada de un argentino, él va a venir a pedir mi mano, yo me voy’”, las lágrimas afloraron y Martha detuvo su relato.

Comenzó el camino junto a Adriana

Una vez aprendió cómo traer mercancía y cómo hacer contactos Martha le dijo a Adriana que se fuera a trabajar con ella.

Con tantos viajes descubrieron que podían traer cosas para decorar el hogar. Hacia 1987 Adriana había terminado sus estudios en el colegio, era normalista había pasado una etapa como docente y pensaba estudiar programación en la universidad así que comenzó su semestre.

Igual que su hermana mayor, Adriana pagó sus estudios con su trabajo y también se dio cuenta de que lo suyo era el comercio. Sin embargo, la vida le despertó otros talentos, como la decoración de casas.

“Empecé a trabajar todo el día con ‘Marthica’ y estudiaba en la noche, todavía vendíamos ropa y traíamos algunas cosas para el hogar.

Teníamos un garaje pequeño y ahí vendíamos” recordó Adriana.

Ambas se dieron cuenta de que el mundo les abría puertas para ampliar su negocio. Los clientes aumentaban porque de paso innovaron con su mercancía.

El trabajo es pasión

Estas hermanas fueron de las primeras comerciantes que empezaron a importar material de decoración para Navidad, que de paso cabe resaltar es la época del año que aman porque están unidas con su familia haciendo la novena de aguinaldos.

“Empezamos a traer algunas cosas de Navidad, pero pocas porque era difícil los primeros años.

“Así que de Panamá compramos algunas cosas y traíamos guirnaldas.

“En el garaje colgamos algunas cosas de Navidad y la gente se las llevaba. Pero lo bonito es que todos los años con los cambios en la decoración hemos aprendido mucho, cómo decorar y hacer que las cosas se vean bien, bonitas, en armonía” dijo Adriana.

Fue así como crecieron en el mundo del comercio y no cambiarían por nada su trabajo, pues en estos momentos ellas buscan que hombres y mujeres aprendan a trabajar vendiendo y crezcan así como ellas lo hicieron.

En estos momentos tienen un gran local donde reina la Navidad, pero donde el resto del año se ve el buen gusto en decoración. “Nosotras somos mujeres apasionadas por todo lo que hacemos en nuestra vida”, Adriana.

Nosotras somos mujeres

apasionadas por todo lo que

hacemos en

nuestra vida