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| Jun 14, 2013 | Nuestra Gente

Una familia de padres emprendedores

“Gracias a Dios todas las cosas que hago están vinculadas a la familia. El colegio al que van las niñas es el nuestro, la joyería la manejamos mi esposa y yo, ella es la pastora y yo soy el pastor y mis hijas están muy involucradas en las actividades de la iglesia también”.

“Gracias a Dios todas las cosas que hago están vinculadas a la familia. El colegio al que van las niñas es el nuestro, la joyería la manejamos mi esposa y yo, ella es la pastora y yo soy el pastor y mis hijas están muy involucradas en las actividades de la iglesia también”.

Ricardo Parra Isaza es un hombre con una vida privilegiada, y no porque haya sido fácil, sino porque realmente al escucharlo uno puede notar que Dios está en su corazón. A sus 37 años es pastor de la iglesia Comunidad Cristiana de Bucaramanga, tiene una hermosa esposa, Ana María Contreras y dos preciosas hijas, María José y María Gabriela y todo un mundo de oportunidades por delante. En este mes del padre quisimos contarles su historia.

 

El llamado

Ricardo cuenta que el 3 de junio de 1997 conoció al Señor. “Llevaba una vida bastante desordenada, sin propósitos, con mucha gente alrededor mío pero muy solo y con un futuro muy incierto. Cuando lo conocí, Él cambió todo el sentido de mi vida y ahí descubrí que yo no quería seguir a la gente, hacer lo que hacen los demás, quería seguirlo a Él”.

 

Ricardo habla de ese momento y manifiesta que su amor por él fue instantáneo “me enamoré de inmediato y demasiado y empecé a contarle a todos lo que sentía y lo feliz que era ahora que lo había conocido, la gente empezó a notar el cambio porque me conocían como un tomador, mujeriego, que estaba en todas las fiestas y organizaba las parrandas y de repente ya no era ese, entonces me preguntaban y yo les contaba lo que me había pasado”.

 

Una familia de emprendedores

Como Ricardo lo manifiesta él no siempre estuvo dedicado a Dios, durante mucho tiempo estuvo vinculado con el negocio familiar y fue allí donde aprendió a trabajar y el valor de la honestidad. Su padre Ricardo Parra y su mamá Esperanza Isaza son los fundadores y propietarios de La Canasta

 

“La Canasta nació en Boyacá hace 37 años y la fundó mi mamá. Mi papá trabajaba en Acerías Paz del Río y el supermercado era de ella. Él llegaba del trabajo a montarse en un triciclo porque desde que inició el supermercado empezó llevando domicilios, lo que ganaba mi papá era para alimentar La Canasta y mi mamá la trabajaba”.

 

Ricardo empezó como mensajero en La Canasta de Floridablanca. El trabajo duro lo llevó por un camino en el que tuvo que ocupar muchos cargos pequeños antes de ser gerente comercial y luego gerente. “Eso duró unos seis años pero yo seguía hablando con la gente y contándoles mi historia, llegó un momento en el que tuve que decidir qué quería hacer y la verdad es que yo quería seguir ayudándole a la gente así que me retiré del supermercado y me entregué de lleno a la iglesia”.

 

“Empecé siendo el pastor de los jóvenes y hace como ocho años y medio, mi papá que era el pastor de la iglesia se tuvo que ir para Boyacá, así que seguí yo como pastor principal de la iglesia. Ya son ocho años y medio desde ese momento y a partir de ahí empiezan a pasar muchas cosas en mi vida”.

“No hay otro más que Dios al que le debo todo lo que tengo. En pro de Él es que hago siempre las cosas con amor, es Él quien no me deja hacer las cosas por hacerlas sino que me obliga a hacerlas siempre de la mejor manera”.

“No hay otro más que Dios al que le debo todo lo que tengo. En pro de Él es que hago siempre las cosas con amor, es Él quien no me deja hacer las cosas por hacerlas sino que me obliga a hacerlas siempre de la mejor manera”.

 

Lo que se hereda, no se hurta

Este joven pastor es líder de varios proyectos que empezó desde hace tiempo con el apoyo de su esposa. Entre ellos están la fundación Salvar que ayuda a los habitantes de calle, el colegio cristiano Beth Shalom, una escuela para educación musical llamada Semilleros, un grupo de jóvenes en la iglesia llamado Contracorriente y la joyería Ambar que importa accesorios de acero desde la China.

 

Ricardo asegura que el éxito de todo se lo debe antes que nada a Dios y la forma de hacer las cosas definitivamente fue algo que aprendió de su padre. “Yo creo que las mejores cosas que me enseñó mi padre son el valor de la verdad, la honestidad, a hacer las cosas con entusiasmo y sobre todo con rectitud. Él es una persona tan recta en todos sus aspectos que me enseñó a querer hacer las cosas bien, a nunca ensuciar el nombre y a nunca hacer cosas que dañen o afecten el nombre de la familia porque cuando uno deja mal el nombre de su familia también deja mal el nombre de Dios, él también me inculcó su amor por Dios y creo que por eso amo a Dios con todo mi corazón”.

 

El valor de la familia

A pesar de todos sus compromisos y obligaciones Ricardo tiene claro que el mejor regalo del Día del padre es tener a su familia a su lado.

 

“Mi esposa y yo siempre almorzamos juntos una vez a la semana, solo los dos. Los viernes por la tarde son para los cuatro nada más, vamos a cine, comemos helados, nos acostamos en la cama a comer crispetas y nos dormimos juntos y los domingos siempre son familiares. El que seamos una familia unida, el que podamos compartir tiempo juntos, el que no haya una división ni problemas sino que estemos como estamos ahora es el mejor regalo, tanto para los padres como para las demás personas, para la gente, para los hijos y para las madres, la familia es el regalo más valioso”.

 

“Gracias a Dios todas las cosas que hago están vinculadas a la familia. El colegio al que van las niñas es el nuestro, la joyería la manejamos mi esposa y yo, ella es la pastora y yo soy el pastor y mis hijas están muy involucradas en las actividades de la iglesia también”.