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| May 10, 2013 | Nuestra Gente

“Le he inculcado a mis hijos la fortaleza de tener a Dios en el corazón”

Entre las múltiples creaciones de María Consuelo están el cuadro que está detrás de ella y los individuales que se ven sobre la mesa.

Entre las múltiples creaciones de María Consuelo están el cuadro que está detrás de ella y los individuales que se ven sobre la mesa.

María Consuelo es una mujer hermosa, y no lo digo solamente por sus fantásticos ojos verdes y esa sonrisa que le alegra a uno el alma porque se nota que es sincera, sentida, sino por lo que tiene por dentro, en el corazón.

Una familia con mucho corazón

Viene de una familia numerosa. Su padre, el coronel Alfonso Rojas Puyana y su mamá Isabel Bonilla Camacho, tuvieron 13 hijos. Él falleció cuando ella tenía solamente 10 años. “Yo me convertí en la mano derecha de mi mamá en lo que me era posible, por fortuna mucha gente nos ayudó porque cuando mi papá murió a los 63 años, mi mamá todavía tenía cuatro hijos pequeños, menores de edad. Nos volvimos las mejores amigas. Mi familia siempre fue muy religiosa, muy católica, muy colaboradora con la sociedad. Mi mamá nos enseñó sobre el amor, el calor de hogar, la caridad, la misericordia, la compasión, la piedad. Ella siempre colaboró mucho con la iglesia y asimismo lo hice yo”.

Unidos por una noble causa

María Consuelo recuerda desde su casa en Ruitoque cómo fue que inició el idilio con su esposo Juan Fernando Cortés, el notario décimo de Bucaramanga. No puede contener una risa cómplice que se le desborda cuando piensa cómo fue que se dieron las cosas, y cómo fueron precisamente las enseñanzas de su mamá y sus ganas de contribuir con la iglesia las que la unieron con el gran amor de su vida.

“Cuando se fue a construir la nueva iglesia de Cañaveral (parroquia Santa María Reina), que fue hace mucho cuando todavía había poquitas casas en el sector, las familias nos reuníamos y hacíamos bazares para recoger fondos con el fin de construir el templo, en uno de esos bazares conocí a Juan. Él le dijo a un primo suyo que me quería conocer y él nos presentó. A mí me parecía supremamente serio y eso me daba un poco de temor porque yo apenas tenía 18 y él me llevaba nueve, trabajaba en la oficina de instrumentos públicos y yo pensaba ¡Dios es importantísimo! me parecía demasiado”.

(Foto Javier Gutiérrez )

(Foto Javier Gutiérrez )

Después de dos bazares, es decir dos años de intentos fallidos, Juan Fernando logró conquistar su corazón. “En el bazar del año siguiente nos volvimos a ver. Siempre era queridísimo, gentil, amable, caballeroso, me deslumbraba, pero yo seguía pensando que era por el bazar y ya. Después comenzamos a vernos más seguido y más seguido y yo en efecto pensaba que era un hombre muy interesante y además pensaba que realmente estaba interesado así que todo se volvió serio. Nos hicimos novios y después de dos años de amores nos casamos, yo iba a cumplir 22 y él ya tenía 32”

Vocación mamá

“Yo no alcancé a terminar ninguna carrera. Él me dijo siempre que tranquila que él iba a responder por mí. Yo trabajaba en Conavi y podría decir que mi vida se partió en dos, antes y después de él. Hasta el año 86 yo era estudiante, tenía un novio más o menos de mi edad, la vida era una frescura… después de esa época empecé a trabajar, a ser más independiente, mi novio ya era un hombre con grandes responsabilidades, un hombre serio que pensaba en otras cosas, también serias”.

Después del matrimonio la joven pareja empezó a pensar en hijos, fue allí cuando el agitado horario de Consuelo, quien para ese momento trabajaba de día y estudiaba de noche, se convirtió en un inconveniente “después de que nos casamos se me acabó el estudio”, comenta María Consuelo en medio de risas y con la inevitable nostalgia que produce recordar viejos tiempos.

“Primero llegó María Camila, nosotros estábamos felices con ella, después nació Juan Fernando. Comenzamos a cambiar de casa, primero vivimos en Altos de Cañaveral, nosotros estrenamos la tercera etapa, al tiempo compramos otro sitio por ahí mismo y después nos fuimos un tiempo para Cabecera pero al final volvimos a Cañaveral. En realidad allí es donde está toda mi familia”.

Cuando le pregunté a María Consuelo si estaba de acuerdo con el popular refrán que dice que tras un gran hombre siempre hay una gran mujer explicó que “esa frase hace referencia no solamente a la esposa, sino a la mamá. Mi esposo vivió con su hermosa mamá hasta los 32 años y ella lo convirtió en el hombre que llegó a mi corazón y al de mi familia. Ella es una persona con muchas cualidades y virtudes, así como él. Pienso que detrás de un gran hombre hay una gran mujer que primero es la mamá, sigue con la mujer y posteriormente continúa con su hija. Todas le hemos aportado algo distinto y en todo eso en conjunto ha hecho de él el gran hombre que es”.

El encanto de las mamás

“Yo soy muy cercana a la mamá de mi esposo, Cecilia Niño de Cortés. Mi esposo también fue un gran amigo de mi mamá. Aunque mi mamá ya no está con nosotros yo siempre la tengo presente en cada uno de mis días. Cuando es momento de tomar decisiones importantes, o incluso no tan trascendentales siempre pienso en lo que el Señor me diría, en lo que haría mi mamá y consulto a mi suegra”.

“Como mi mamá y yo éramos tan cercanas la visita de novios era con ella. Estábamos solos en cine o cuando íbamos a bailar pero la visita era con mi mamá. Ella también se lo llevó a su corazón. Yo era la adoración de mi mamá pero cuando llegó mi marido la adoración dera él”.

La mejor enseñanza

“La mejor enseñanza que aprendí de mis padres y que siempre he tratado de inculcar en mis hijos es la fortaleza que Dios nos da en el corazón. Las personas debemos tener eso muy claro y yo sigo tratando de lograr esa formación en mis dos hijos porque eso no se logra de un día a otro, eso se da poco a poco, agradeciendo cada favor recibido por el Señor y demostrando que uno lo ama a Él. Exaltándolo por cada favor que nos regala porque gracias a Dios no ha faltado nada. Me siento privilegiada por el amor de Dios, por todo lo que tengo y lo que tuve pero sobre todo porque en mi casa siempre ha habido amor. El amor y la presencia de Dios es algo de lo que más guardo de mi familia”.

“Mis días pasan entre los ejercicios espirituales en los que me encuentro a solas con Dios cada mañana. Pinto y hago otras manualidades, toco guitarra y trabajo en una huerta que tengo en la casa donde siembro hierbas aromáticas. Cuido que todo esté en orden para que Juan llegue y encuentre tranquilidad. Dios me dio la oportunidad de tener una vida tranquila y eso es lo que hago”.