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| Nov 30, 2012 | Punto de vista

Navidad

Estamos en el mes más bello del año, diciembre, cuando se desbordan las ilusiones y la luz. Navidad, época de alegría, júbilo y gozo. Tiene éste mes un encanto ajeno a todos los demás. Atractivo en el que chicos y adultos, disfrutamos casi instintivamente.

 

Fiesta única del calendario que a todos nos hace niños, porque nos traslada a nuestros años infantiles. Edad feliz, tan añorada cuanto más lejana, en la que por ser chicuelos, ajenos a los problemas de la humanidad, éramos felices con la auténtica dicha verdadera: la inocencia, irresponsabilidad infantil.

 

Hoy, adultos, no evaluamos el significado de la Navidad. Celebración que debe ser alegre, bullanguera, pero mesurada y cristiana, que deberá animarse con el propósito de rectificación de nuestras equivocadas actitudes con el sincero deseo de mejorar nuestras relaciones con el Niño Dios. Que la natividad fortalezca nuestro corazón, con el amor, perdón para con aquellos que acaso hayamos ofendido. Que la Sagrada Familia del Niño Jesús, José y María, nos aliente en el diario vivir en el país hostil, difícil y violento que hemos vivido por el capricho de quienes al margen de la ley, olvidan el mensaje: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

 

Sabiendo que muchos niños no podrán recibir un sencillo regalo, juguete en ésta Nochebuena, menos un pedazo de pan aliñado por el afecto, invitemos a nuestra casa en esta noche, a un chaval para brindarle el cariñoso gesto de subirle actitud, confirmaremos nuestra condición ciudadana y cristiana. Con este espíritu abierto, con amor, con mucho amor, si permitimos que el luminoso esplendor navideño nos invada, podremos cantar: Qué bella es la Nochebuena / la noche de Navidad / cómo sueña la esperanza / en ésta noche inmortal. / El Niño Dios está cerca / porque a nuestra casa vendrá / esperemos su venida / bajo el techo del hogar.