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| Oct 5, 2012 | Nuestra Gente, Portada

“Cien años de historias”

El señor Luis Alfredo acompañado de sus hijos María Cristina, Jaime, Julio, Alfredo, Ismael y Carlos durante la celebración de su cumpleaños número 100.

El señor Luis Alfredo acompañado de sus hijos María Cristina, Jaime, Julio, Alfredo, Ismael y Carlos durante la celebración de su cumpleaños número 100.

Durante la tarde del pasado sábado 22 de septiembre 130 miembros de la familia Quintero Silva se reunieron en un largo y concurrido festejo que se prolongó desde las 4:00 p.m. hasta pasada la media noche, y no era para menos, el señor Luis Alfredo Quintero Silva, uno de los más queridos barberos de la ciudad, estaba cumpliendo 100 años de edad.

Oriundo de Onzaga, hijo de Guillermo Quintero y Aurelia Silva, Luis Alfredo nació en una vereda llamada La Vega. Es el mayor de seis hermanos Luis Francisco, Luis Alberto, Pastor, Mercedes, Constantina y Josefina, de ellos todavía viven dos: Luis Alberto de 84 años y Mercedes que tiene 92.

“Esa familia ha sido muy longeva, una tía de él, que se llamaba Petronila duró 128 años”, aseguró Carlos Quintero, hijo mayor de Luis.

De la vereda a la capital

Durante sus años mozos Luis Alfredo fue enviado a Bogotá. Allá tuvo la oportunidad de ingresar como ayudante a un seminario de los hermanos Jesuitas. “Ahí se formó, sus estudios los hizo allá en ese claustro y estuvo a punto de ordenarse, por eso a él le decían jesuita”.

Por esa época Luis Alfredo decidió irse para Soatá, un pequeño municipio de Boyacá en el que empezó su carrera como comerciante. “Allá montó una miscelánea pero seguía con su fe. Él asistía mucho a misa porque continuaba con su devoción. Mi mamá era entonces chaperona de una de las señoritas del pueblo, que era una señora de avanzada edad, soltera, muy pudiente económicamente y bastante fervorosa. Allá mismo, en las misas a las que asistía mi mamá como acompañante de la señora y mi papá como devoto de Dios, se conocieron, al poco tiempo se casó, eso fue en 1948. Nadie sabe si mi mamá fue la razón por la que él no se ordenó pero todos pensamos que tal vez fue así”, explicó Carlos.

De tres en tres

Según cuenta su hijo, con la alegría infinita que evidencia al contar la historia de su longevo padre, “a los tres años empezó la producción de hijos y cada tres años tuvieron uno. No sé si fue planeado o por cuestiones del azar pero es exactamente el tiempo que hay entre todos nosotros, tres años. Terminó la producción cuando llegó la niña, María Cristina”.

Los problemas de salud que presentó el segundo hijo del matrimonio, Ismael, obligaron a la familia a trasladarse a Bucaramanga. “El médico le dijo a mi papá que la única forma para que el niño se curara era cambiarlo de clima. Sin pensarlo mucho se vinieron para una casa que quedaba en la carrera 28 con 56, eso fue en 1960”.

El señor Luis Alfredo Quintero Silva (izquierda) acompañado de sus dos hermanos Luis Alberto y Mercedes durante la celebración de sus 100 años de vida.

El señor Luis Alfredo Quintero Silva (izquierda) acompañado de sus dos hermanos Luis Alberto y Mercedes durante la celebración de sus 100 años de vida.

Entre la música y las tijeras

Luis Alfredo es un apasionado por las artes. Durante toda su vida fue músico y perteneció a las bandas de Santander, Girón, Piedecuesta y del batallón de Bucaramanga. “Él siempre fue un enamorado de la música. Tocaba tiple, bandola, guitarra, violín, clarinete y flauta. Yo tengo todos esos instrumentos y los guardo como una reliquia menos el clarinete, que lo vendió antes de que yo pudiera rescatarlo”.

Carlos y Cristina, el mayor y la menor de los hijos de Luis, manifestaron con orgullo que su papá, a pesar de que fue músico, nunca tomó. “Él siempre ha sido un hombre muy culto. Nunca tomaba, nunca le escuchamos una mala palabra, mucho menos una grosería. Siempre ha sido una persona muy tranquila y nunca, jamás, habló mal de nadie. Siempre hablaba con una sonrisa en los labios y decía gracias por todo”, recordó María Cristina.

Estando en Bucaramanga Luis Alfredo aprendió el arte de la peluquería y alternó su carrera musical con las tijeras. “Puso una barbería en el parque principal de Piedecuesta, y al igual que en todas partes, la gente se enamoró de él”.

La felicidad de las pequeñas cosas

“Mi papá nunca fue ambicioso y no era de los que buscara la plata como necesidad. Él es un hombre de gustos sencillos que es feliz con las pequeñas cosas. Recuerdo que nuestro plan era ir a caminar por los bosques y las montañas, buscando un lugar dónde bañarnos. Un lago, un río, lo que fuera. Caminábamos a su lado y nos deleitábamos con los paisajes, esa era nuestra forma de ser felices”.

En esta imagen está con otras de sus familiares Gladys Durán, Cristina Quintero, Lida

En esta imagen está con otras de sus familiares Gladys Durán, Cristina Quintero, Lida

La celebración

La convocatoria fue maravillosa. Por lo general las familias sólo se reúnen cuando hay un muerto pero nosotros quisimos celebrar esta ocasión tan especial. Al principio hubo voces negativas que decían que para qué si él ya no le paraba bolas a eso pero nosotros dijimos es que la fiesta no es para él, es para nosotros, por tener a nuestro padre, de esa calidad, todavía a nuestro lado. Queríamos hacerle un reconocimiento no solamente porque cumplía 100 años, sino por la buena persona que es”.

Al festejo vinieron personas de Girardot, Soatá, Tunja, Duitama, Bogotá, Villavicencio y Barranquilla, “de todos los lugares donde está la familia. Aunque faltó mucha gente vino alguien en representación de cada lugar. Entre todos los hermanos nos acomodamos para que nadie tuviera que pagar hotel. Cada hermano se quedó con un grupo”.

La fiesta empezó con un agradecimiento a Dios. “Celebramos una misa donde las hermanas Clarisas. Ahí asistió mucha gente que no pudo ir al restaurante donde seguía la celebración. Fueron muchos de sus músicos amigos, todos abuelitos, pero ninguno mayor que él”.

“Después nos fuimos para el restaurante El Morichal de Piedecuesta. Allá todos los hijos, mis hermanos y yo, hicimos una coreografía que habíamos preparado para él. Fueron cuatro canciones, cuatro ritmos y cuatro bailes diferentes. Todos íbamos de pantalón y guayabera blanca y sombrero, mi hermana, de vestido blanco”.

Con unas palabras de agradecimiento, risas, lágrimas y recordatorios culminó la celebración de “Mis primeros cien años”, título que enmarcó las tarjetas de invitación a tan singular homenaje. “Todos disfrutamos mucho de esa tarde porque se convirtió en la mejor excusa para reunir a la familia. Allí recordamos que mi papá también era un apasionado por la poesía y un lector incansable, por eso habla algo de francés, italiano y latín y disfruta mucho de los juegos de palabras, yo, después de tantos años, todavía recuerdo el primer trabalenguas que me enseñó cuando era sólo un niño: ¡Qué barbaridad!Hervía la bulliciosa rivera y bamboleaba tremebundo el mundo bravío que con labios bribones silbaba el atrevido…”

Comentarios

  1. Angelica Quintero dice:

    Para mi es un orgullo poder decir que mi nonito Luis Alfredo tiene 100 años y que a pesar del tiempo aun sigue conservando ese carisma y buen sentido del humor, las personas que hemos estado cerca de el sabemos lo sencilla y valiosa que es su vida. Y de todo corazón le doy gracias a Dios por permitirnos tenerlo entre nosotros por muchos años mas…

  2. Carlos A Quintero dice:

    Esta articulo me emociona y me recuerda lo importante que es recordar la historia que nuestros mayores no dejan de enseñarnos y que por descuido ignoramos.

    Bravo, Nono Luis “Hombre Centenario” quiero superarte y dejar desde ahora una huella aun mas profunda para orgullecer a mis ascendientes.

  3. Yecid Sanabria dice:

    Felicitaciones. Un merecido reconocimiento para alguien que sin haber pasado por las grandes academias es un ejemplo de vida y que deja un legado para la cultura Santandereana.
    Un 10 para esta bella nota periodística!!!