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| Jun 10, 2011 | Histórico

Un lago enamoraba en Cañaveral

El día de la primera comunión de Carlos junto a su madre Galdys de González Blanco. Al fondo se puede apreciar parte del lago.

Las imágenes hacen parte del grupo de facebook, ‘yo también fundé Cañaveral’.

En 1970 el espacio que hoy ocupa en Cañaveral el Parque La Pera era uno de los sitios preferidos  por los residentes de este naciente barrio.

Para ese entonces no existía el parque tal como se conoce hoy, ni se llamaba así, pero a diferencia del momento actual era uno de los espacios que le daba belleza paisajística a Cañaveral.

Una belleza engalanada por dos grandes lagos atravesados por un puente.

Quienes lo disfrutaron aseguran que una especie de cascada formaba el primer lago más adelante de donde hoy está el CAI, en una pendiente que aumentaba en profundidad.

Después venía el puente que unía al segundo lago. Este era más grande, pero plano, lo que permitía que los jóvenes se metieran especialmente a pescar.

Al final de este se encontraba una especie de represa (el muro que hoy está en la cancha de baloncesto) donde caía el agua para salir por debajo de la iglesia de Cañaveral y llegar hasta el Club Campestre.

“El sitio era de nosotros, de los jóvenes. Allí nos pasábamos la mayor parte del tiempo, hablando ‘paja’ o planeando alguna maldad” recuerda entre risas Carlos Olivo González, ex residente de Cañaveral y creador del grupo en facebook ‘Yo también fundé Cañaveral’.

De babillas y otros “monstruos”

Otro ex residente, Andrés Gómez, hizo su aporte a lo que era el lago y el puente que lo cruzaba.

Andrés Gómez

Convivir por casi 10 años con un lago donde se podía pescar, pero que también era el peor aliado al momento de jugar fútbol, hizo que el lago albergara muchas historias.

La más famosa tal vez es la de la babilla que tenía allí su hogar.

Y aunque en las discusiones del grupo en facebook muchos aseguran que no era cierto, pues algunas apuestas consistían en atravesar el lago para mostrar valentía, Carlos asegura que era verdad.

“Había un amigo, ‘Valenzuela’, que se trajo de su finca una babilla pequeña y que él tenía como mascota. Era muy mansa hasta que un fin de semana se fueron y no le dejaron comida, entonces cuando volvieron se había vuelto muy brava, al punto que mordió a mi amigo. Entonces decidieron dejarla en el lago y yo fui cuando la dejaron allá. Desde ese día nadie se volvió a meter en el lago y a veces se le alcanzaban a ver los ojos” asegura Carlos.

De hecho, cuando secaron el lago, Carlos señala que la babilla era un gran animal y que fue llevado por funcionarios de la Cdmb a otro lugar.

No obstante, el lago también producía otro tipo de miedo.

Carlos señala que cuando jugaban fútbol y la pelota caía en el agua, jóvenes de barrios vecinos llegaban a quitárselas.

“Por eso planeamos una maldad. Partimos botellas y llenamos el fondo del lago con los vidrios. Cuando entraron a lago para coger el balón se cortaron los pies y nunca volvieron a molestarnos”.

Con el paso del tiempo, el crecimiento excesivo de los árboles lo hizo un lugar perfecto para consumir drogas y para el escondite de delincuentes, así que los residentes se vieron obligados a alejarse.

Historias, anécdotas y nostalgias

Allí había una pendiente para el primer lago. El lote del fondo sería el futuro Centro Comercial Cañaveral.

Aquí Carlos junto a sus hermanos Maritza, Amparo y Oscar en la zo-na que hoy ocupa el CAI.

Las historias con el lago abundan, pero cómo olvidar la vez que un carro mal estacionado se fue rodando hasta el pozo.

“Me acuerdo que era una camioneta Bronco. El papá la había dejado parqueada y tal vez el niño le metió el cambio, pero la camioneta se vino hasta el lago y cayó de cabeza. Tocó sacarla con grúa y todo” señala Carlos. También las muchas peleas con Parmenio, un hombre reconocido por los que vivieron en Cañaveral y que tenía una caseta de almuerzos en el lago.

“Él se creía el dueño del lago, no nos dejaba jugar y siempre teníamos que hacer maldades para jugar”.

Lo mismo que con el vigilante de las llamadas ‘casas del millón’ (porque costaron un millón).

“Nos quitaba las cañas y los anzuelos. Entonces cuando él salía a hacer la ronda, nosotros entrábamos por otro lado y las recuperábamos”.

En la actualidad cuando Carlos pasa por el lugar con sus ahijados, los hijos de sus antiguos vecinos de Cañaveral, les cuenta cómo era aquel lugar donde vivieron tantas aventuras.

 

Comentarios

  1. Jazmin Salazar dice:

    Donde esta este lago y el rio que atravesaba la ciudad por Quebrada Seca, hago la misma pregunta, quienes tomaron esas CRIMINALES decisiones. Destruir fuentes de agua que la tierra tanto requiere para sobrevivir, decisiones basadas supongo en intereses economicos, sin inteligencia ni sentido comun.

  2. Roberto 30 dice:

    tiempos aquellos en donde el verde era la mayoria…..

    tambien recuerdo que en mi infancia, al lado del lago habia una pista de bicicross… jeje, un pequeño viaje al pasado de la ciudad bonita.

  3. Edinson dice:

    ¿Qué ocasiono que el lago se secara?
    Soy un joven bumangues y me hago esta pregunta, ya que esto demuestra como estamos secando nuestra fuentes hidricas recoradndo que donde se encuentra la avenida quebrada seca también había una quebrada…

    1. Manuel dice:

      cuentan que cuando existía una estacion de servicio donde actualmente está un banco (centro comercial cañaveral), se presentó una filtración de combustible hacia el lago, y eso provocó que fuera necesario secarlo.