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| May 6, 2011 | Nuestra Gente

Orgullosa de su mejor profesión: madre

Orgullosa de su mejor profesión: madre

Martha Muñoz de Montoya

Si algo llena de satisfacción a Martha Muñoz de Montoya es su rol como madre. Nunca le tuvo miedo, ni siquiera porque a los 20 años se enfrentó a este, pues estaba segura que la mejor experiencia de su vida sería ser madre.

Por eso, tampoco dudó en casarse apenas terminó su carrera como delineante de arquitectura porque “cuando uno está enamorado, nada le parece un problema”.

Nunca pudo dedicarse por completo a su profesión porque 10 meses después de su matrimonio su hijo Juan Felipe ya venía en camino y decidió que se dedicaría por completo a ellos.

“En algún momento puede tener uno preguntas sobre si seré capaz o no, pero nunca me llené de miedo porque apenas uno es mamá es como si un chip se cambiara en el cuerpo y todo ese instinto que uno lleva sale a flote y ya se empieza a conocer el llanto del niño, a saberlo manejar y uno se siente muy tranquilo. Y bueno yo conté con el apoyo de mi mamá y de mi suegra lo que da un soporte mayor” afirma Martha.

Maternidad como Primera Dama

“Es absolutamente necesario que ambas partes de la pareja trabajen, pero a veces sí hace falta la madre en el hogar”.

Maternidad como Primera Dama

Aunque Martha señala que nunca se dedicó a su profesión, sí tuvo que compartir su rol de madre y de esposa con el de Primera Dama en dos ocasiones pues su esposo, Alberto Montoya Puyana, fue elegido Gobernador de Santander y Alcalde de Bucaramanga.

Durante la Gobernación de Alberto, Martha apenas llegaba a sus 26 años y con dos hijos muy pequeños, por lo que se vio un poco más alejada de la actividad política que cuando su esposo fue Alcalde.

“Yo lo acompañaba y le ayudaba en todo lo que fuera necesario, pero los niños estaban muy pequeños y me necesitaban. Cuando Alberto fue alcalde, ya teníamos incluso a la hija menor, y aunque los mayores se encontraban en una edad difícil, como la adolescencia, pude dedicarle mucho más tiempo a esta actividad” recuerda.

Por tal motivo tenía en la Alcaldía la Oficina de Desarrollo Social desde donde coordinaba todo el trabajo con las poblaciones más necesitadas. Las tardes las dedicaba a sus hijos.

“Es más complicado, pero todo es cuestión de organizarse y poder cumplir con los dos papeles” afirma.

De este tiempo además de la satisfacción de poder aportarle algo a la comunidad también le quedó esta necesidad de ayudar a los demás mediante trabajo comunitario como voluntaria del Centro de Amigos del Cáncer de la Foscal y en La Posada del Peregrino.

De madre a abuela

Aquí con sus hijos; Juan Felipe, Sofía y Juliana; su nuera, sus yernos y seis de sus nietos.

Martha disfruta su tiempo en familia.

Una convencida del poder de la madre en el hogar también le apuesta a ese rol como abuela. Y como todas, les ofrece ese amor “sin afanes ni preocupaciones de formarlos, aunque no los malcrío” señala entre risas.

Por eso disfruta a plenitud las reuniones con sus hijos, sus yernos, nuera y sus siete nietos, así como de la relación que tiene con ellos pues se considera además de madre, amiga de sus hijos.

“Siempre he tenido una bonita relación con mis hijos, pero con mis hijas especialmente se genera una relación también de amistad, muy de ‘partnes’ donde nos acompañamos. Con Juan Felipe también, pero él es más de apoyo, como un polo a tierra” finaliza Martha.

“Ser madre es lo más maravilloso que le puede pasar a una mujer”.