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| Dic 18, 2010 | En profundidad

¿Hasta dónde iremos?, ¡hum! hasta donde nos toque

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

A las 9 a.m. don José Barajas estaba listo.

Con su pantalón oscuro, correa, camisa manga corta, zapatos negros y un bastón de madera se apostó en cercanías de Molinos.

Él, con sus casi 80 años encima, no quería ser indiferente a la marcha de protesta que se había programado para el miércoles 15 de diciembre, la segunda que los habitantes del sur del área metropolitana de Bucaramanga convocaban para protestar contra el cobro de la valorización.

Don José Barajas

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

– ¿Don José hasta dónde va a marchar?

– ¡Hum!, hasta donde nos toque. Tengo una casita a la que le quiero echar el segundo piso… y me están cobrando un ‘jurgo’.

El pito de los carros cortó el diálogo y buscaba sobrepasar la marcha que había salido del parque La Pera en Cañaveral con unas 100 personas, lideradas por los miembros del denominado Comité Cívico de Cañaveral.

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

En la Marcha

La autopista ya estaba encima, don José agarró el bastón por la muñequera, lo presionó contra el piso para hacer palanca y comenzó el ascenso de lo que serían los 3 kilómetros entre el sector protestante y las oficinas del Área Metropolitana de Bucaramanga –AMB-, entidad que a mediados de marzo les envió una comunicación a algo más de 23 mil predios anunciándoles que debían pagar por una obra (Transversal El Bosque), la cual no se ha empezado a construir.

 

Canas, arrugas, sed, niños, pero muchas ganas

“Hey, despacio, despacio”, empezaban a gritar algunos de los manifestantes al grupo que comandaba la heroica protesta y tras de sí se iba formando el más descomunal trancón vehicular.

Cientos y cientos de carros fueron quedando detrás de los marchantes que a la altura de Molinos Altos ya sumaban unos quinientos.

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

En la Marcha

Se distinguían muchas canas, cuerpos envejecidos, mujeres y hasta niños, ataviados con banderas, pancartas, sombreros y paraguas.

“Florida, tuyo es mi corazón, pero no pago valorización”, se leía en uno de ellos.

Tras el primer kilómetro de recorrido el cansancio empezaba a hacer mella en algunos asistentes.

“¡Agua, agua”! gritaban.

En la mitad del grupo, un hombre de zapatos tenis, pantalón remangado y una gorra desteñida, trataba de cogerle el paso al grupo.

Don Domingo Martínez

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

Era don Domingo Martínez, un hombre con apariencia de pueblo ribereño, dentadura incipiente, pero un espíritu de lucha impresionante.

– “Tengo malas las

piernas”- se quejaba mientras seguía su andar tembloroso.

– “¿Hasta dónde será esta marcha?”, preguntaba.

– Hasta el Área Metropolitana de Bucaramanga, en la Ciudadela Real de Minas, le respondí.

– Uff, tocará, yo he ido a todas las marchas, dijo. Tengo un ranchito que estoy terminando de pagar y me están cobrando 300 mil pesos ¿qué tal, ah?”, se quejaba.

Como él otros habitantes de todos los conjuntos de Cañaveral, del anillo vial, del costado oriental de la autopista y de diferentes lugares de la zona de irrigación del cobro, caminaban en medio de arengas, gritos y reclamos.

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

En la Marcha

“¿Qué están haciendo con nuestros impuestos?”

“¡No, al pago de la valorización!”

“¡Que renuncie el alcalde!”

“¡El pueblo unido, jamás será vencido!”

“¡Floridablanca en pie de lucha!”

“¡Estamos defendiendo un derecho; estamos en desobediencia civil!”.

Gritaban una y otra vez tratando de que la comunidad se enterara de su reclamo por una obras que –dicen- favorecerá a unos pocos y les fue socializada de la debida manera.

A esa hora, 10:45 a.m. el sol asomó sus rayos. Pañuelos iban y venían sobre las cabezas sudorosas de hombres y mujeres, mientras cualquier sombrilla servía de protección.

Don José seguía su paso con el bastón empuñado con fuerza en su mano derecha por un costado de la autopista que se veía desierta en sentido sur norte porque ni el carril de Metrolíena ni los dos y a veces tres carriles pudieron ser utilizados por los vehículos.

– ¿Cómo va don José?

– Bien, ahí vamos.

La Policía trataba de brindar protección a las estaciones del Sistema Integrado de Transporte Masivo, al paso de la caravana multicolor que recibía señales de apoyo de algunos conductores que iban en sentido contrario, y uno que otro insulto de quienes lograban sobrepasar el trancón.

Segunda Marcha de Protesta por Cobro de Valorización

En la Marcha

Luego de tres horas de caminata la marcha llegó a las instalaciones del Área Metropolitana.

Allí, con megáfono y el poco aliento que les quedaba lanzaron los últimos gritos en defensa de sus intereses, mientras representantes de la Asamblea  Departamental, les daban respaldo y señalaban cómo los propietarios de extensos lotes y grandes proyectos urbanísticos por donde pasará la vía pagarían cerca de 600 millones de pesos, mientras la clase media que se beneficia tangencialmente de la obra tendrá que asumir los 21.750 millones de pesos restantes que valdrá la vía.

– “¿Cómo la ve don José? ¿Qué le pareció todo?”.

– Jum, está fregao, esperemos a ver qué pasa”.

Así terminó la segunda marcha que hace parte de una lucha que lleva ya meses entre una comunidad que defiende sus intereses y el gobierno que se escuda en la falta de presupuesto para hacer obras.