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| Nov 20, 2010 | Columnistas

Carta abierta a los padres de familia

Hace cuatro años escribí el libro “Padres del hoy y mañana”, un proyecto de educación en salud integral y reproductiva, con el fin de que los padres asumieran su paternidad con responsabilidad.

En la actualidad aún me inquieta ver cómo las rupturas de las familias se incrementan y las relaciones entre padres e hijos cada vez son peores. Parece como si la sociedad se hubiera olvidado de su origen familiar y cristiano.

Se ha sacado a Dios como centro de gravitación de la familia y la sociedad, se ha perdido el diálogo  y la vida gira más en el poseer que en ser y por eso se descuida lo fundamental de la existencia.

Es oportuno y necesario pedirles a los padres que hagan una reflexión sobre las causas de este caos social que causa la desintegración familiar y revisen sus soluciones. Porque si la célula madre del tejido social, que es la familia, se resquebraja o muere, la sociedad humana sufre en esa noche del olvido de Dios.

La mayoría de los padres de hoy han perdido su responsabilidad de orientar y compartir con sus hijos. Como consecuencia han perdido el respeto y afecto de ellos. Naufragando entre la indiferencia y la desobediencia los ha llevado a la soledad.

¿Por qué? Hay muchas causas que deben ser estudiadas a profundidad por la psicología, pero que desde mi ejercicio como pediatra pude analizar.

Una de estas causas es la privación temprana (desde infancia) del afecto y cuidado de su madre porque esta delega la crianza directa de su hijo en una guardería.

Ella no le proporciona el suficiente cariño y cuidado maternal porque no tiene tiempo o porque tiene otras prioridades.

Lamentablemente en la sociedad moderna por otros afanes, necesidades e intereses, se menosprecia la paternidad responsable tanto del padre como de la madre.

Cuando se presenta la ruptura del núcleo familiar, como sucede hoy en día, los hijos sufren un caos traumático, físico y psicológico cuyas secuelas son muy difíciles de evitar y manejar en el futuro de sus vidas.

Esto es aún más grave en la adolescencia donde los hijos pueden parecer una nave a la deriva lo que los deja a merced de un medio ambiente extremo y a veces maligno que los arrastra por caminos equivocados.

Padres no olviden jamás, por satisfacer otras ambiciones, que un hogar, una familia, es nuestro más grande tesoro de nuestra existencia.

Por: Celso Forero